Nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo presente, que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada, una eternidad. Blaise Pascal

Por El Perplejo Sideral

—¡Federico, ya deja esas malditas piedras y vente a cenar!

— Espérate vieja, estoy haciendo una clasificación para que todos sepan cuál de ellas es más o menos dura. Fíjate, del uno al diez, el mineral más “blandito” es el talco y el  más duro, el diamante.

El geólogo, mineralista y superintendente del gabinete imperial, el alemán Friedrich Mohs (29 de enero de 1773, Gernrode—29 de septiembre de 1839) terminó de configurar su escala de dureza de los minerales, se lavó las manos y subió a cenar. Dureza la de su señora, si no hacía caso.

Los diamantes proceden de los volcanes.

Se forman bajo condiciones extremas de presión y calor  entre los 160 y los 480 kilómetros debajo del suelo, resultando una sustancia de extrema dureza, de ahí su nombre en griego, adamás, “indomable”.

¿Será acaso que por eso, al regalarles un cristalito de estos, algunas damas dejan de ser indomables? No lo sé, puede ser, diría el poeta y dramaturgo, Capulina.

Una roca volcánica llamada kimberlita “arropa” a la mayoría de los diamantes, los demás, se hallan sueltos. Es sabido que en las costas de Sudáfrica, en el s. XVIII se podían encontrar diamantes en sus playas.

Siempre asociamos a África como la mayor productora de estos elementos formados de carbono puro, sin embargo, ocupa el quinto lugar, después de Australia, la República Democrática del Congo, Botsuana y Rusia.

El diamante más grande que se conoce mide 4,000 kilómetros de diámetro y pesa 1000 billones de trillones de trillones de quilates. El diamante, que sería el sueño húmedo de cualquier emperatriz o dirigente sindical, para el caso es lo mismo, se encuentra en la estrella Lucy, en la constelación del Centauro, a 54 años luz de distancia de la Tierra. Ni siquiera con la recién creada AEXA, Agencia Espacial Mexicana, podríamos darnos una acercadita a descomunal gema.

¿Lucy? Así es. Los astrónomos, haciendo honor a los Beatles —ó andando en las alturas como ellos— y en alusión a la canción Lucy in the Sky with Diamons la bautizan con ese nombre.

Como sea, Lucy tiene nombre técnico y este es BPM 37093. Por cierto, la canción de los Beatles debe su nombre al dibujo del pequeño hijo de John Lennon, Julian, en el que aparecía su amiguita Lucy Richards, de cuatro años de edad.

Pues bien, Lucy fue descubierta el 13 de febrero de 2003, — el día del cumpleaños de mi mamá, (…) piensa ¡oh Patria, querida! que el cielo un Edipo en cada hijo te dio— por la universidad de Harvard.

Al estar compuesta Lucy de carbono cristalizado, se demuestra la teoría rusa de que las estrellas tienden a cristalizarse al final de su vida, como ocurrirá con nuestro Sol. (Catastrofistas escatológicos, abstenerse, falta mucho).

En cinco mil millones de años, cuando se convierta en una enana blanca, nuestro querido astro rey podrá decir no sin cierto aire de soberbia aquello de que Un diamante es para siempre.

Desde mi parcela desprovista de diamantes y sin completar presión siquiera para originar una piedra pómez, me despido.

El Perplejo Sideral.