|
por
Antonio Sánchez Ibarra
Febrero
8, 2005
Este lunes 7 de
febrero, el Presidente de los Estados Unidos,
George W. Bush, presentó el presupuesto de la
nación para el año fiscal 2006. De lo mucho que
se haya de discutir y analizar sobre el mismo,
concierne a la comunidad astronómica el
relacionado en específico con aquel otorgado a
la agencia espacial NASA.
El presupuesto
para NASA tiene un incremento (de los pocos),
del 2.4% con respecto al 2005. Sin embargo, se
cancela un monto destinado al rescate del
telescopio espacial Hubble, en órbita alrededor
de la Tierra desde el 24 de abril de 1990.
En esta forma, se
sentencia a muerte al telescopio espacial Hubble.
Este recurso de
observación, acariciado en sueños por todas las
generaciones de astrónomos para poder realizar
observación astronómica sin la interrupción de
la atmósfera terrestre, ha permitido en los
últimos quince años un gigantesco salto en el
conocimiento astronómico, permitiendo confirmar,
rechazar o modificar muchos de nuestros
conceptos sobre los cuerpos celestes y el
universo mismo.
Desde el inicio
de la exploración espacial el 4 de octubre de
1957 con el lanzamiento del Sputnik I soviético,
la comunidad científica comenzó a visionar los
alcances a todos los niveles de esta nueva forma
de explorar el Cosmos. Entre estos, comenzaron a
perfilarse proyectos para colocar telescopios en
órbita de la Tierra que, comandados a control
remoto, pudiesen realizar observaciones
astronómicas imposibles de realizar desde la
superficie de nuestro planeta.
Los primeros
telescopios orbitales fueron de la serie OAO
(Observatorio Astronómico Orbital) y OSO
(Observatorio Solar Orbital), que con
instrumentos pequeños rápidamente permitieron
capitalizar la ventaja de observar desde órbita
e ir perfeccionando los sistemas de apunte para
los mismos.
En 1962 un grupo
de científicos hizo la propuesta formal para
hacer un telescopio espacial. Enfrascado el
programa espacial en su propósito de llevar un
ser humano a la Luna, no fue hasta 1973 cuando
realmente se comenzó a trabajar en el proyecto.
En 1975, la Agencia Europea del Espacio, ESA, se
sumó al mismo.
En 1977
finalmente se destinaron recursos para la
construcción del telescopio, quedando a cargo de
los centros espaciales Marshall y Goddar, con la
responsabilidad de hacer la óptica a la compañía
Perkin-Elmer. El diseño se basaba en un
telescopio reflector, tipo Ritchey-Chretien con
apertura de 2.4 metros de diámetro.
El diseño y
trabajo de construcción fue lento y el
telescopio quedó listo hasta 1985. Embodegado en
el Puerto Espacial Kennedy para ser lanzado en
un vuelo del trasbordador espacial, el
telescopio tuvo que esperar aún cinco años más
al ocurrir el desastre del trasbordador
Challenger el 28 de enero de 1986.
Fue el 24 de
abril de 1990 cuando astronautas del
trasbordador Discovery colocaron el telescopio
en una órbita circular a 593 kilómetros de
altura, recorriéndola en aproximadamente 96
minutos. Esta órbita era acorde a misiones de
servicio programadas para que en los siguientes
años, astronautas de los trasbordadores pudiesen
capturar de nuevo el telescopio y reparar las
fallas que tuviera o reemplazar sus instrumentos
periféricos como cámaras y espectrógrafos.
Bautizado con el
nombre del famoso astrónomo americano Edwin P.
Hubble, el telescopio dio una gran sorpresa a
sólo dos meses de haberse colocado en órbita: Su
óptica tenía una falla y le era imposible
enfocar correctamente. Tenía una aberración
óptica ocasionada por una falla mínima en una de
las maquinas de pulido que hubiese sido
detectada previo al lanzamiento si se hubiese
realizado una prueba óptica que se decidió
omitir.
Durante los
primeros tres años de operación, los
especialistas en computo y en procesamiento de
imágenes hicieron maravillas para poder limpiar
y ajustar las imágenes que obtenía el telescopio
y así aprovechar algo. Mientras tanto, los
diseñadores trabajaban en las diversas opciones
que les permitieran rescatar la capacidad del
telescopio.
La opción final
fue, prácticamente, colocarle "lentes de
contacto": una óptica pequeña que corrigiera la
aberración. En una de las misiones del
trasbordador más complejas realizadas, los
astronautas del Endeavour colocaron la óptica,
reemplazaron paneles solares y otros
instrumentos. El resultado fue exitoso
obteniéndose finalmente imágenes nítidas que
además de su repercusión científica, han
permitido disfrutar a profesionales, aficionados
y público en general de las vistas del Universo
más bellas logradas a la fecha.
Otras misiones de
servicio se realizaron en 1997, 1999 y 2002. Sin
ningún problema en ellas, los astronautas
reemplazaban sensores, giroscopios y paneles
solares así como el cambio de cámaras por otras
más modernas.
Uno de los
aspectos críticos para el funcionamiento del
telescopio Hubble son los giroscopios que
permiten su fino apunte hacia los objetos de
estudio. Utilizando seis giroscopios, el
telescopio esta en condiciones ideales. Sin
embargo, suelen averiarse y requiere al menos de
tres en buenas condiciones para funcionar. En la
actualidad, están funcionando cuatro de los seis
existentes.
La sustitución de
estos giroscopios y el reemplazo al menos de uno
de sus instrumentos serían los objetivos de la
siguiente misión de servicio de un trasbordador
especial.
Sin embargo,
desde enero de 2004, cuando el Presidente Bush
presentó con gran publicidad su amplio programa
espacial, se avisoró que el telescopio espacial
comenzaba a peligrar. Posteriormente,
declaraciones del Administrador General de la
NASA, Sean O´Keefe, habrían de confirmar la
sospecha: Se suspendía una misión de servicio
ante la peligrosidad de la misma.
No es de negarse
que realizar una misión de servicio que requiere
varias caminatas espaciales de varias horas por
parte de una pareja de astronautas es de mucho
riesgo. Pero igualmente se han realizado
impecablemente en las ocasiones anteriores. Las
caminatas espaciales, iniciadas por parte de los
americanos por Edward White en 1965 en el vuelo
de la Geminis 4, han sido innumerables y algunas
de complejidad próxima a las del telescopio
espacial. De hecho, continúan efectuándose por
los astronautas que habitan la Estación Espacial
Internacional para efectuar reparaciones en la
misma.
Se intenta
asociar el desastre del trasbordador Columbia
con reducir los riesgos para los astronautas.
Sin embargo, como señalo, los trabajos de
humanos continuarán en la Estación Espacial
Internacional y, de hecho, continuarían en el
supuesto extenso programa espacial americano de
Bush que plantea el establecimiento de una base
lunar y los futuros viajes a Marte.
Por lo anterior,
no hay una justificación real ante la suspensión
de tal misión de servicio.
Se observa, en
cambio, un decaimiento en el futuro de la
exploración espacial. El gran programa espacial
propuesto, que quiso compararse o equipararse a
la promesa del Presidente Kennedy cuando propuso
ir a la Luna antes de que finalizara la década
de los sesenta, tiene en realidad poco sustento.
Como nunca, en
los últimos tiempos, ha sido demostrado que las
sondas espaciales automáticas han rendido frutos
increíbles en la exploración espacial. Ejemplos
son los éxitos con Marte, la sonda que orbitó
Eros, Galileo en Júpiter, Cassini y Huygens en
Saturno y Titán respectivamente, Stardust y
otras más. Se requiere aún de mucho tiempo y
desarrollo tecnológico para planear los viajes
de humanos de regreso a la Luna y mucho más
hacia Marte.
Otro reflejo del
decaimiento del programa espacial lo es el
anuncio paralelo a la suspensión de la misión de
servicio para el Hubble, se anunció la
cancelación de la misión de la sonda JIMO (Jupiter
Icy Moons Orbiter / Orbitador a las lunas
congeladas de Júpiter), que brindaría
información sustancial sobre cuerpos tan
enigmáticos y prometedores como Europa, donde
podría haber un océano bajo su manto helado.
Retornando al
telescopio espacial Hubble, los planes era que
se le mantuviera operativo al menos hasta el año
2010 cuando se pondría en operación el siguiente
telescopio espacial, bautizado como telescopio
Weeb o llamado también telescopio espacial de
nueva generación. Tal telescopio tendría un
espejo segmentado de 6 metros de diámetro:
cuatro metros más que el Hubble.
Aunque los
trabajos sobre este telescopio continúan, si
alarma que en todas las referencias a las
decisiones sobre el Hubble en ningún momento ha
habido referencia al telescopio Weeb como
alternativa o con planes de acelerar su puesta
en órbita, encontrándose aún en fase preliminar
de construcción.
El telescopio
espacial Hubble nos ha llevado a los límites del
Universo observable. Los datos que ha generado
pueden mantener ocupados a los astrónomos por
décadas. Lo que puede darnos aún ese telescopio
es increíble en conocimiento sobre el Cosmos.
Abandonar el
Hubble significará una de las decisiones
políticas más absurdas de inicios del siglo XXI.
Es vendarnos teniendo buena vista.
Lamentablemente,
parece que Hubble ha sido sentenciado a muerte. |