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HISTORIA
DEL ÁTOMO
Por
Silvia Sokolovsky
Tomado
de http://soko.com.ar/Fisica/cuantica/Atomo.htm
En
busca de lo más simple.
Desde
el primer momento en el que el ser humano comenzó a
plantearse cuestiones científicas, se percató de que cuando
supiera lo suficiente descubriría que el mundo, después de
todo, es en realidad mucho más simple de lo que parece. Si
bien en la mayoría de los tratados de la historia de la teoría
del átomos se parte desde los antiguos griegos, según John
Gribbin (doctor en astrofísica en la Universidad de Cambrige
y autor de múltiples textos de divulgación científica en
este tema) es una afirmación un tanto exagerada.
En
el año 585 antes de Cristo, el griego Thales de Mileto
(considerado como el primer científico de relevancia) sugirió
que todo elemento natural era en última instancia
"agua"; ya que se presenta en los tres estados
[líquida (agua), sólida (hielo) y gaseosa (vapor)]
dependiendo de la temperatura del ambiente. Sus sucesores,
Epicurio de Samos y el romano Lucrecio Caro, desarrollaron la
conocida teoría que indicaba que toda sustancia no era más
que combinaciones de cuatro elementos: tierra, agua, fuego y
aire. Desde nuestra posición (miles de años después) nos
parece hasta ridícula sus teorías, pero es el primer intento
que pretende hallar un esquema sencillo para explicar la
complejidad observada en el mundo sin utilizar a una deidad
como "creador". Hay autores, como John Gribbin en su
libro En busca del gato de Schrödinger, que sostienen que es
exagerada la importancia que se les da a los griegos en este
aspecto.
A
finales del siglo V a. c. los filósofos Leupino y Demócrito,
intentaron conciliar el conflicto entre transitoriedad y la
complejidad observada en el mundo material con la idea griega
de que la verdad debe ser eterna e inmutable. Sugirieron que
la materia estaba compuesta de pequeñas partículas
indivisibles que bautizaron con el nombre de átomo (del
griego indivisible) y señalaron que si bien esas partículas
son inmutables, las relaciones entre ellas cambian. <<
Las únicas realidades existentes son los átomos y el espacio
vacío; lo demás es mera especulación >>
escribió Demócrito de Abdera (extraído
del libro En busca del gato de Schrödinger de John Gribbin, Pág.
15). A pesar de esta clarividencia, la idea disfrutó
de poca aceptación entre los filósofos griegos y romanos. Así
el átomo fue olvidado mientras que la idea de que el universo
estaba compuesta por los cuatro elementos antes mencionados,
resultó mucho más popular, aceptada y propagada por
"eruditos" de la talla de Aristóteles, de manera
que fueron enseñadas como verdades absolutas durante dos mil
años.
Algo
está cambiando
Aunque
el inglés Robert Boyle usó el concepto de átomo en sus
trabajos de química durante el siglo XVII, y Newton lo tuvo
en mente al desarrollar sus descubrimientos en física, específicamente
óptica, la idea de átomo no pasó a formar parte del
pensamiento científico hasta la mitad del siglo XVIII. En ese
momento el químico francés Antoine Lavoisier, tras sus
investigaciones de combustión, identificó muchas sustancias
químicas puras que no podían ser separadas en otras.
La
primera formulación de la teoría moderna atómica, históricamente,
se la ubica a comienzos del siglo XIX en manos de un químico
inglés, John Dalton, que en 1808 publicó su obra Un nuevo
Sistema de Filosofía Química. Allí asignó a los átomos un
papel relevante en este área de la ciencia. Estableció que
la materia estaba compuesta por átomos indivisibles; todos
los que eran de un mismo elemento debían ser idénticos entre
sí, pero diferentes (en forma y tamaño) de otro elemento.
Estableció el axioma que dice que "los átomos no se
crean ni destruyen", pudiéndose reorganizar mediante
reacciones químicas. Definió el concepto de molécula a
partir de los átomos que la conforman, cada una de las cuales
debía tener un número pequeño y fijo de átomos de cada
elemento del compuesto.
Si
bien la idea era lentamente aceptada por los químicos, el
concepto de átomo podía explicar relaciones como la
desarrollada por Joseph Gay – Lussac, quien estableció
experimentalmente la relación proporcional de los volúmenes
dos sustancias gaseosas se combinan. El volumen necesario de
uno de los gases es siempre proporcional al volumen del otro
gas. Si el compuesto producido resulta ser gaseoso también,
su volumen será proporcional al de los otros dos. El hecho
observado podía ser explicado sencillamente: cada molécula
del compuesto gaseoso estaba formada por uno o más átomos de
un gas combinado con unos pocos átomos del otro. El italiano
Avogadro utilizó, en 1811, esta evidencia para desarrollar su
famosa hipótesis que establece que para cualquier temperatura
y presión fijos, hay volúmenes iguales de gas que contienen
el mismo número de partículas, independientemente del tipo
de gas utilizado. recién en 1850, cuando un compatriota de
Avogadro, Stanislao Cannizzaro, desarrolló dicha teoría
hasta tal punto que dejaron de ser minoría los químicos que
se la tomaban en serio. Hacia 1890, aunque muchos químicos aún
no aceptaban las ideas de Dalton y Avogadro, se podía
explicar detalladamente el comportamiento de los gases
mediante la hipótesis atómica gracias a los trabajos del
escocés James Clerk Maxwell y del austriaco Ludwig Boltzmann
desarrollando una descripción matemática del comportamiento
de los gases llamada mecánica estadística.

Algo
está cambiando: el electrón
A
mediados del siglo XIX los físicos experimentaban con un
nuevo fenómeno que cambiaría drásticamente la visión de la
física. En ese momento se estudiaban la naturaleza de la
radiación producida por un hilo metálico que transportaba
corriente eléctrica a través de un tubo que se había
vaciado de aire. Estos rayos, procedentes del cátodo (polo
negativo del circuito), fueron llamados rayos catódicos.
En
el dispositivo anteriormente citado, el tubo de rayos catódicos,
podían colocarse dos placas que al aplicarse una diferencia
de potencial eléctrico, se observaba una fina línea de gas
brillante que se formaba cerca del cátodo y se extendía
hasta la placa el otro polo (ánodo). El análisis de la luz
emitida indicaba que estaba formada por residuos de gas que se
habían calentado al circular alguna "cosa" a través
del mismo. Esa "cosa" desconocida eran los rayos catódicos.
Se pensaba que podían ser haces de partículas (afirmación
sostenida por la mayoría de científicos Ingleses y
franceses), o una forma de radiación producida por
vibraciones del éter, supuesta sustancia que llenaba el
espacio por el cual las ondas
podían desplazarse; idea que era sostenida por la mayoría de
los científicos alemanes. Si bien la situación se tornó más
confusa en 1895 cuando Wilhem Röntgen descubrió
accidentalmente los rayos X, las dudas fueron despejadas
mediante los experimentos realizados en el laboratorio de
Cavendish, uno de los centros de investigación en Cambridge.
En
1897 J. J. Thomson, que trabajaba como profesor de física de
Cavendish desde la década de 1870, diseñó un experimento en
el que intervenían el balance entre las propiedades eléctricas
y magnéticas de una partícula cargada en movimiento. Ya en
ese entonces se sabía que un objeto cargado era afectado por
dos tipos de fuerzas. Desde
Faraday
se habla de fuerzas electromagnéticas que actúan sobre
cualquier objeto provisto de carga eléctrica, pero no actúan
sobre un elemento no cargado como una onda. De esa manera, con
el tiempo, la contienda de saber que eran los rayos catódicos
se centró en saber si tenían o no carga eléctrica; de
tenerla sería afectada por fuerzas electromagnéticas como la
generada por un imán.
Thomson
armó un dispositivo, como lo muestra el esquema, modificando
el tubo de rayos catódicos enrareciendo ligeramente el vacío
con un poco de gas, para medir la velocidad de los rayos catódicos
(que en esa época se los denominó rayos canales). Estos
rayos debían atravesar una zona en la que se había creado un
campo eléctrico entre dos placas cargadas y un campo magnético.
Se ajustó el voltaje de las placas hasta que se compense
exactamente los efectos desviadores del campo magnético, así
eran atraídos por el ánodo. Thomson argumentó que si los
rayos
eran
realmente partículas su trayectoria debía ser afectada por
los imanes y por las grandes cargas eléctricas. Si el campo
magnético obligaba a los rayos a moverse hacia abajo,
entonces se cargaba las placas de manera que desviaran el haz
hacia arriba en la misma medida. En otras palabras, igualaba
la fuerza eléctrica a la magnética.
¿Cómo
hallaba la velocidad de las partículas que supuestamente eran
atraídas?. Recordando que el campo eléctrico es inversamente
proporcional a la carga que está viajando y directamente
proporcional a la fuerza que se ejerce sobre ella tenemos que:
F = E . q (1)
Por
la definición de potencial eléctrico, la diferencia de
potencial eléctrico (V) es directamente proporcional al
trabajo mecánico (W) e inversamente proporcional a la carga
(q). Expresamos esta relación en la siguiente ecuación; en
base a la definición de trabajo
mecánico y campo eléctrico podemos determinar la
magnitud del campo eléctrico en base a la diferencia de
potencial aplicada. La distancia (d) es la que hay entre las
placas y los rayos catódicos.

La
fuerza generada por un campo magnético sobre una carga (q) en
movimiento es perpendicular al plano que forman en vector
campo magnético (B) y la velocidad (v) de la partícula.
La
ecuación es: F = q . B
. v. sen a
El
producto
vectorial entre ambos y la magnitud de la carga determinan
la magnitud de la fuerza. Tomemos, para facilitar los cálculos,
que el ángulo entre la velocidad y el vector campo magnético
es 90º. Como sen 90º = 1 tenemos:
F
= q . B . v (2)
Como
la fuerza eléctrica y magnética son iguales, igualando (1) y
(2), tenemos: E . q = q . B
. v. sen a
Simplificamos
las cargas y despejamos podemos determinar la velocidad de la
partícula como relación entre los
campos
eléctrico y magnético.

El
importante resultado que obtuvo Thomson fue que la velocidad
de los rayos catódicos era cerca de 3.107 m/seg.,
lo cual es más o menos el 10% de la velocidad de la luz.
Evidentemente los rayos catódicos eran partículas. (De ser
ondas tendrían que viajar a la misma velocidad de la luz,
3.108 m/seg.). Puesto que las supuestas partículas
eran atraídas hacia el electrodo cargado positivamente,
concluyó que transportaban carga eléctrica negativa. Estos
corpúsculos fueron bautizados con el nombre de electrones (ya
que provenían de la electricidad) y calculó su masa en
9,11.10 – 28 g. ¡¡ Demasiado pequeña !!.
Una
vez que fue correctamente identificado, se comprendió que el
electrón era una partícula muy importante. Cada corriente eléctrica,
tanto si se trata de un circuito o de un nervio animal, es
simplemente un flujo de electrones.
El
descubrimiento del electrón preocupó a los físicos de la época
ya que se habían habituado a considerar al átomo como el único
habitante de lo infinitamente pequeño y ¡ ahora se les
presentaba otro!. ¿Dónde iban a alojarlo? ¿Había que
pensar que la materia estaba constituida fundamentalmente por
átomos y
electrones?
ó, como esta partícula cargada negativamente es mucho más
pequeña ¿había que suponer que el electrón no era más que
una parte constitutiva del átomo?. Pero, de ser así, puesto
que el electrón posee carga negativa ¿cómo explicar que el
átomo se revelara en los experimentos eléctricamente
neutro?. La única explicación posible es la existencia
de una parte electrizada positivamente que neutralizara la
carga del electrón. Así fue como J. J. Thomson propuso, sin
atreverse a cambiar mucho el modelo de Dalton, una imagen del
átomo como una especie de bolita hueca cargada positivamente
dentro de la cual, a modo de semillas, se encontrarían los
electrones.
El
Interior del Átomo
El
neocelandés Ernest Rutherford trabajó en Cavendish en la última
década del siglo XIX. En 1898 fue nombrado profesor de
física en la Universidad McGill, en Montreal. Allí descubrió
la existencia de dos radiaciones, llamándolas
"alfa" y "beta" (la tercera,
"gamma", fue descubierta mucho después). Rutherford
pudo demostrar que los misteriosos rayos alfa eran, en
terminología actual, núcleos de átomos de helio. Realizó
experimentos en los que colocaba pequeñas muestras de
elementos radiactivos que emitían partículas alfa junto a un
tubo herméticamente vacío. Al cabo de cierto tiempo, análisis
químicos muy sensibles señalaban la presencia de helio en el
tubo. Dado que únicamente la radiación alfa entraba al tubo,
la conexión entre dicha radiación y el helio quedó
establecida.
Su
descubrimiento le valió el premio Novel de química en 1908,
aunque él siempre se consideró a si mismo como un físico y
consideraba a la química como una rama muy inferior de la
ciencia..
En
contra de lo normal, Rutherford realizó su trabajo más
importante después de recibir el premio Novel. En 1907
Rutherford se trasladó a la Universidad de Manchester en
Inglaterra, allí continuó con sus experimentos con partículas
alfa. Uno de los temas más candentes por aquella época era
estudiar el modo en
que
estas partículas atravesaban finas láminas metálicas. En
1909, Hans Geiger y Ernest Marsden, que trabajaban en el
departamento de Rutherford, llevaron a cabo estos tipos de
experimentos. Las partículas alfa provenían de átomos
radiactivos naturales (no existían aún los aceleradores
de partículas). El proceso de las partículas dirigidas
contra la hoja metálica quedaba determinado por contadores de
centelleo, pantallas fluorescentes que brillan cuando incide
sobre ellas una partícula alfa. Algunas partículas
atravesaban el metal, otras eran desviadas y emergían
formando un ángulo respecto a la dirección original del haz.
Lo extraño era que algunas rebotaban en la hoja metálica y
volvían en la misma dirección pero con sentido contrario.
Este comportamiento no podía ser posible si el átomo era
como Thomson lo había descripto.
Había
que cambiar el modelo atómico ya que las partículas alfa
poseen una masa superior a 7000 veces la del electrón.
Imaginemos
una fila de canicas (bolitas) todas del mismo tamaño
separadas, una de la otra, por mucho espacio. Si lanzamos
contra ellas una pelota de tenis el comportamiento a esperar
es que pase de largo o, si choca con varias canicas, se desvíe
un poco de su trayectoria original. Nunca esperaríamos que
vuelva por el mismo camino en que fue. Para que eso suceda
tendría que haber "chocado" con "algo"
tan grande o más que ella.
Así
que en 1911 Rutherford propuso un nuevo modelo del átomo que
resultó ser la base del conocimiento actual de la estructura
atómica. Según Thomson el átomo era casi todo vacío, pero
los experimentos llevados a cabo demostraron que un número
sorprendentemente alto de partículas (una de cada mil) fueron
dispersadas en ángulos cercanos al llano. Esto sólo era
posible si el átomo poseyera la mayor parte de su masa
virtualmente concentrada en una región central. a esta
concentración de masa Rutherford la denominó "núcleo".
Ya que este repelía a las partículas alfa que estaban
cargadas positivamente, supuso que debía tener carga
positiva.
En
1919, empleando técnicas similares a las que había permitido
identificar a las partículas alfa, demostró que las
colisiones de partículas alfa con núcleos se obtenían núcleos
de hidrógeno. Dado que el hidrógeno es el átomo más
liviano, su núcleo jugó un papel fundamental en el
modelo confeccionado por Rutherford, es así que lo denominó
"protón" (el primero). Siendo la función más
evidente del núcleo equilibrar eléctricamente al átomo ¿por
qué ha de haber más protones que electrones?, por ejemplo el
hidrógeno posee un protón y un electrón; el núcleo del átomo
de helio, que posee dos electrones, debía tener dos protones
y el átomo de Uranio que poseía 92 electrones necesitaba 92
partículas positivas en su núcleo.
Si
el helio tiene el doble de protones que el hidrógeno y la
masa del átomo está casi toda contenida en el núcleo, cabe
esperar que un litro de helio pese el doble que el de hidrógeno.
El problema es que un mismo volumen de helio es cuatro veces más
pesado que el de hidrógeno. Este hecho hizo que, en 1920,
Rutherford postulara la existencia de otra partícula que ubicó
también en le núcleo, sin carga y que fuera un poco mayor
que el protón (en realidad es un poco mas grande que el protón
y el electrón juntos) y lo denominó Neutrón. La existencia
del neutrón pudo comprobarse recién en 1932.
Modelo
atómico de Bohr
La
característica esencial del modelo de Bohr es que los
electrones se ubican alrededor del núcleo únicamente a
cierta distancia bien determinada. El por qué de esta
disposición del átomo no se estableció hasta el desarrollo
de la mecánica cuántica una década más tarde.
Niels
Bohr era un físico danés que finalizó su doctorado en el
verano de 1911 y viajó a Cambrige en septiembre. En una
visita a Manchester conoció a Rutherford y en Marzo de 1912
comenzó a trabajar dentro del equipo de Rutherford concentrándose
especialmente en la estructura del átomo, permaneciendo allí
hasta 1916.
Bohr
no se preocupó excesivamente por integrar todos sus
experimentos en una teoría completa, sino más bien estaba
interesado en ensamblar ideas diferentes para construir un
modelo. Su primer triunfo ocurrió en 1913 con la explicación
satisfactoria del espectro de luz del átomo de hidrógeno.
Estaba convencido que debía introducir el concepto del cuanto
(y de la constante de Plank h) en las ecuaciones que describen
al átomo. Ese año publicó una serie de artículos en los
que explicaba su teoría, la que funcionaba muy bien para
explicar el espectro generado por el hidrógeno. Trece años
después de la decisión de Plank de incorporar el cuanto a la
teoría de la luz, Bohr introdujo el cuanto en la estructura
atómica; pero debían pasar otros trece años para que
surgiese una verdadera teoría cuántica.
En
el modelo de Bohr se mezclan ideas cuánticas junto con otras
de la física clásica, sin otro criterio que el de que el
modelo continuara funcionando >>
(extraido del libro
"En busca del gato de Schrödinger", john Gribbin, página
47).
Desde
el siglo XVIII se sabe que la luz es una onda. Pero el
descubrimiento que su origen está ligada a las cargas eléctricas
y de que no es más que un tipo particular de ondas generadas
eléctricamente, fue uno de los grandes triunfos del siglo
XIX. Plank intuyó (de alguna manera) una discontinuidad en la
energía pero nunca aceptó realmente la idea de que la luz no
fuera una onda clásica. Sin embargo Einstein se dio cuenta
que el postulado cuántico de Plank podría ser muy fructífero
si se lo llevaba a sus últimas consecuencias. El fenómeno
fotoeléctrico, por el cual una plancha de zinc iluminada con
luz ultravioleta emitía corriente en su superficie, no dependía
de la intensidad de la luz sino de su frecuencia. Esto no era
lógico desde el punto de vista ondulatorio. En 1905 Einstein
sugirió que la luz podía estar compuesta por corpúsculos en
lugar de ondas clásicas, así podría explicarse este efecto.
Las partículas que componen la luz y demás radiaciones
electromagnéticas reciben el nombre de fotones. Este trabajo
le valió el premio Nobel.
Nuevo
Comienzo
La
guerra europea de 1914 frenó los desplazamientos de los científicos
de un país a otro, entorpeciendo (y a veces cortando) las
comunicaciones entre ellos. En las naciones intervinientes,
los investigadores jóvenes tuvieron que dejar los
laboratorios para presentarse en batalla, donde muchos de
ellos perdieron la vida. Después de la guerra, los científicos
alemanes y austriacos no fueron invitados a las conferencias
internacionales durante varios años consecutivos. En Rusia,
inmersa en su revolución, la ciencia perdió su
cosmopolitismo y a una generación de gente de ciencia jóvenes.
Una
nueva generación de "pensantes" se encontró con la
teoría cuántica en el punto medio del camino que representa
el modelo de Bohr y se encargó de relacionarlo con la mecánica
cuántica. La nueva generación de científicos no poseía una
sólida formación dentro del área de la física clásica,
por lo que no les fue difícil desechar ideas clásicas en su
teoría sobre el átomo. No partieron de la nada, basados en
la constante de Plank, el modelo de Bohr y la idea de Einstein
de la noción de probabilidad en la teoría atómica (que se
transformó en el soporte fundamental de la teoría cuántica).
Irónicamente, la idea fue rechazada posteriormente por su
creador con su famoso comentario, << Dios
no juega a los dados >>.
Dualidad
Onda - Partícula
Imaginemos
una película de ciencia ficción donde exista vida en el
planeta Marte. Desde allí nos observan y captan las ondas de
radio que mandamos constantemente al espacio. En ellas
escuchan programas en inglés y en francés, por lo que llegan
a la conclusión que en nuestro planeta se habla "inglés"
o "francés" según la frecuencia de radio que se
capte. Deseosos por saber más descienden en nuestro planeta,
pero en la Ciudad de Buenos Aires. Confundidos por el idioma
que se habla interpretan que a veces los habitante de este
sitio parece que hablaran a veces "ingles" y otras
veces "francés". Llegan a la conclusión de que
este idioma presenta ambas características y hablan de la
dualidad inglés - francés.
En
realidad así como el idioma castellano es un idioma distinto
al inglés o al francés, las partículas elementales son
distintas a partículas u ondas en el sentido clásico que se
les da en la física clásica (mecánica).
El
descubrimiento de la dualidad onda - partícula tuvo su origen
en la sugerencia de un científico francés Louis de Broglie.
Nacido dentro de una familia antigua e ilustre, tomó sus
primeros contactos con la ciencia física en el laboratorio de
su hermano Maurice de Broglie. Para su tesis presentó la idea
de la dualidad onda - partícula partiendo de las ecuaciones
donde Einstein había deducido los cuantos de luz: E = hv
y p = hv/c (v es la frecuencia, c es la velocidad de la
luz) llegando a relacionar la la constante de Plank (h) y el
momento (p) con la longitud de onda de manera que sus ideas se
expresaron en una simple ecuación: l = h/p. Sostenía que el
fracaso de los experimentos realizados para poner de
manifiesto si la luz era onda o partícula se debía a que
ambos tipos de comportamiento estaban unidos, hasta el punto
de que para medir el momento (propiedad corpuscular) se
necesitaba que conocer la frecuencia (propiedad
ondulatoria). Fue el primero en pensar que esta dualidad también
podía aplicarse a otras partículas como el electrón.
En
aquella época se pensaba que los electrones debían
comportase como partículas típicas, excepto por el curioso
modo de ubicarse en los distintos niveles de energía dentro
del átomo. El hecho que sólo existieran orbitas definidas
por números enteros, lo que podía interpretarse como una
característica ondulatoria, llevó a de Broglie a
relacionarlos con la interferencia
y los relativos a modos
normales de vibraciones (movimiento de partículas que
transportan una onda) que eran fenómenos físicos que
implican números enteros y estaban relacionados con
propiedades ondulatorias. Es así que decidió asignar a los
electrones algún tipo de periodicidad.
De
Broglie pensaba que las ondas estaban asociadas con partículas
y sugirió que una partícula, tal como el fotón, estaba
guiada en su trayectoria por la onda asociada a la que se
encuentra ligada. El resultado de dicha teoría fue una
descripción matemática completa del comportamiento de la
luz, que incorporaba los resultados tanto de experimentos
ondulatorios como corpusculares. En esa época ya se conocía
la longitud correcta de las ondas de los electrones a partir
de los estudios de Einstein respecto a el fenómeno
fotoeléctrico. La longitud de onda está relacionada con la
frecuencia, y la frecuencia (según las ecuaciones de Einstein)
podía relacionársela con el momento; de allí que de Broglie
combinara en una ecuación el momento y la longitud de onda
mediante una relación inversa donde la constante de
proporcionalidad fuera la constante de Plank: p . l = h.
Según esta ecuación, los electrones que al poseer pequeña
masa tenían un momento
pequeño le correspondía una longitud de onda que lo
transformaba en la partícula más ondulatoria hasta entonces
conocida.
Fue
el mismo Einstein, ya que le habían mandado una copia del
trabajo de de Broglie, quien se dio cuenta la importancia de
este trabajo. Einstein pasó la noticia a Max Born, en Götingen,
Alemania. Un alumno de Born, Walter Elsasser, había publicado
en 1925 una corta nota con los resultados de un experimento
donde se dispersaban electrones por medio de cristales,
bombardeando los átomos. Se suponía que este
comportamiento se debía a la estructura de estos y no a la
naturaleza propia de los electrones. Recién cuando Erwin Schrödinger
realizó una nueva teoría de la estructura atómica que
incorporaba y ampliaba la idea de de Broglie, los
experimentalitas consideraron la necesidad real de comprobar
la hipótesis de la onda del electrón mediante la realización
de experimentos de difracción.
La
total ruptura con la física clásica ocurre en este momento,
al tomar conciencia que no sólo los fotones y electrones sino
todas las partículas y todas las ondas son , de hecho, una
mezcla de onda y partícula. Todas las imágenes que uno pueda
hacerse del átomo son falsas y no existe una analogía
física que permita entender como funciona el interior de un
átomo. El átomo, ese universo pequeñísimo donde las
"cosas" no se comportan como lo esperamos, posee
características que nuestro "sentido común" no
sirve en absoluto para entenderlas.
BIBLIOGRAFÍA:
Física
Libros:
·
FÍSICA - parte I – Robert Resnick & David
Holliday – Compañia Editorial Continental, S. A. México
1979
·
FÍSICA - parte II – Robert Resnick &
David Holliday – Compañia Editorial Continental, S. A. México
1979
Física
Cuántica
Libros:
-
De
los átomos a los Quarks – James S. Trefil – Salvat
Editores, S. A. Barcelona 1985
-
Del
átomo a las estrellas – Pierre Rousseau – Editorial
El Ateneo, S. A. Buenos Aires 1978.
-
Dios
y la nueva física – Paul Davies – Salvat Editores, S.
A. Barcelona 1994
-
El
monstruo subatómico – Isaac Asimov – Salvat Editores,
S. A. Barcelona 1993
-
El
Universo desbocado – Paul Davies – Salvat Editores, S.
A. Barcelona 1985
-
En
busca del gato de Schrödinger – John Gribbin – Salvat
Editores, S. A. Barcelona 1994
-
Superfuerzas
– Paul Davies – Salvat Editores, S. A. Barcelona 1984
Revistas:
Ciencia
e Investigación
Mundo
Científico (La Recherche versión en castellano)
-
El
CERN - Pedro Pascual - Nº 10 - volumen 2 - Pág. 32
-
El
L H C y el futuro de la física de partículas - E. Augé
y D. Denegri - Nº 140 - volumen 13 - Pág. 964
-
El
Muon sondea la materia - J. Chappert y E.
Karlson - Nº 24 - volumen 3 - Pág. 428
-
El
plasma de quarks y gluones: en busca de un nuevo estado de
la materia - C. Gerchel & L. Kluberg - Nº 97 -
volumen 9 - Pág. 1246
-
El
Quark Top, un descubrimiento anunciado - Maurice
Mashaal - Nº 151 - volumen 14 - Pág. 980
-
La
Derrota de la Antimateria - Jean - Marie Frère - Nº
192 - Julio/Agosto 1998 - Pág.57
-
Louis
de Broglie: La grandeza y la soledad - Anatole
Abragam - Nº 129 - volumen 12 - Pág. 952
-
Los
físicos de las partículas en busca de su historia -
J. Laberrigue & M. paty - Nº 18 - volumen 2 - Pág.
998
-
¿Tienen
masa los neutrinos? - François Vannucci - Nº 3 - volumen
1 - Pág.320
Investigación
y Ciencia (Scientific American edición en español).
-
Colisiones
entre protones con espín - Alan D. Krisch - Nº 133
- Octubre 1987 - Pág. 18
-
Colisiones
de Hadrones a muy altas energías - C. Pajares y R.
Pascual - Nº 25 - Octubre 1978 - Pág. 58
-
Dirac
y la belleza de la física - R. Corby Hovis & H. Kragh
- Nº 202 - Julio 1993 - Pág. 64
-
El
caos cuántico - Martin C. Gutzwiller - Nº 186 - Marzo
1992 - Pág 14
-
El
colisionador LEP - S. Myers & E. Picasso -
Nº 168 - Septiembre 1990 - Pág. 22
-
El
colisionador lineal de Stanford - John R. Rees - Nº
159 - Diciembre 1989 - Pág. 62
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Tipton - Diciembre de 1997
-
El
número de familias de la materia - G. Feldman & J.
Steinberger - Nº 175 - Abril 1991 - Pág. 20
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Observación
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y Fuerzas elementales - Chris Quigg - Nº 105 -
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Partículas
con belleza desnuda - N. Mistry, R. Poling & E.
Thorndike - Nº 84 - Septiembre 1983 - Pág. 76
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Preferencia
atómica entre izquierda y derecha - Marie-Anne
Bouchiat & L. Pottier - Nº 95 - Agosto 1984 - Pág.
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Realidad
del mundo cuántico - Abner Shimony - Nº 138 - Marzo
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Teoría
alternativa de Bohm a la mecánica cuántica - David Z.
Albert - Nº 214 - Julio 1994 - Pág. 20
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Teorías
Gauge de las fuerzas entre partículas elementales -
Gerard 't Hooft - Nº 47 - Agosto 1980 - Pág. 58
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