LOS ALBORES DE LA ASTRONOMÍA

STONEHENGE

Por Prof. José Maza Sancho

UNIVERSIDAD DE CHILE Curso EH28B

Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas

Departamento de Astronomía Marzo 2000

Tomado de http://www.das.uchile.cl/~jose/introduccion.html

 

STONEHENGE: El más grande monumento astronómico de la Prehistoria.

Al analizar los logros científicos y culturales de nuestros antepasados más remotos, con frecuencia se encuentran opiniones diametralmente opuestas. Un buen número de personas visualizan al hombre primitivo casi como un simple simio. En el otro extremo suele encontrarse quienes le atribuyen conocimientos de matemáticas, física, etc. que el hombre moderno ha llegado a adquirir en épocas muy recientes.

 

Algo sí parece seguro: la capacidad intelectual del hombre se ha mantenido esencialmente constante en los últimos milenios. Por lo tanto, al tratar de entender la cultura del hombre prehistórico, el problema central es poder evaluar qué conocimientos lograron desarrollar, aceptando que su inteligencia era la misma que la del ser humano contemporáneo.

 

Los datos de que se dispone para reconstruir la cultura del hombre prehistórico son en general muy fragmentarios. En los mejores casos poseemos restos de construcciones emprendidas por ellos. A través del estudio de estas construcciones podemos intentar deducir elementos de la cultura de sus constructores. Uno de los monumentos que destaca y puede enseñarnos mucho acerca del hombre prehistórico es Stonehenge.

 

Stonehenge es sin duda extraordinario. Ubicado en el sur-oeste de Inglaterra, en la planicie de Salisbury, es una de las construcciones más notables de los tiempos prehistóricos. Por la envergadura del trabajo que significó para sus constructores puede con justicia considerarse como una de las grandes obras emprendidas por el ser humano en la faz del planeta.

 

Stonehenge es una estructura compuesta. Los arqueólogos distinguen tres etapas diferenciadas. La más antigua, Stonehenge I, data del 2.800 al 2.600 a. C.; Stonehenge III, la parte más interna y espectacular, fue construida entre los años 2.000 al 1.500 a. C.

 

Stonehenge III está formado por enormes bloques de piedras traídos desde Gales, de las montañas Precelly, a ¡380 kilómetros de distancia! Según los arqueólogos, tuvieron que ser transportadas por mar, río y tierra, empresa notable si se tiene en cuenta que pesan 5 toneladas. En Stonehenge II destacan unas 80 piedras que comprenden un círculo exterior y piedras dispuestas en forma de herradura que poseen unas 30 toneladas de peso y que posiblemente provienen de Marlborough Downs, a unos 30 km. De Stonehenge. Hawkins calcula que en total 1.500.000 días-hombre fueron necesarios para la construcción de Stonehenge. De acuerdo a Clayton, esto significa que por muchas generaciones los individuos mejor dotados del grupo dedicaron sus esfuerzos a la planificación, logística, y construcción de Stonehenge. Clayton por su envergadura y costo lo compara al programa Apolo de la NASA, que puso un hombre en la Luna en 1969. Una descripción detallada de todo el monumento se encuentra en el libro de Fernand Niel titulado "Stonehenge" (ver bibliografía).

 

Pese a que Stonehenge II y III son las partes más llamativas de Stonehenge en cuanto a su construcción, es probablemente Stonehenge I la sección que revela una mayor profundidad en el conocimiento de sus constructores. Aquí nos ocuparemos exclusivamente de Stonehenge I, siguiendo el análisis de Hoyle ("De Stonehenge a la Cosmología Contemporánea. Nicolás Copérnico", Fred Hoyle, Alianza Ed. Madrid, 1976, páginas 33-74).

 

Stonehenge I consiste en 56 hoyos dispuestos en un círculo de unos 87 metros de diámetro. Estos hoyos fueron descubiertos por John Aubrey en el siglo XVII (1666) y se los conoce como los hoyos de Aubrey. A unos 78 metros del centro del círculo se encuentra una piedra rústica llamada "heelstone". También son parte de la misma estructura piedras que forman un rectángulo inscrito en el círculo de Aubrey. Los lados más cortos del rectángulo son paralelos a la línea que une el centro del círculo y la heelstone. Esta dirección apunta hacia la salida más septentrional del Sol, el día del solsticio de verano

 

Gerald Hawkins publicó en 1963 una interpretación de Stonehenge que dio un renovado interés al tema. En su libro "Stonehenge Decoded" Hawkins justifica la interpretación de Stonehenge como un gran observatorio astronómico. El resultado principal de Hawkins es mostrar que hay direcciones en Stonehenge I que apuntan hacia la salida y puesta del Sol y la Luna en sus posiciones extremas.

 

Analicemos esto más detalladamente. El Sol sale por distintos puntos del horizonte, según la época del año. En el hemisferio norte la salida más septentrional del Sol tiene lugar el día del solsticio de verano (cuando el Sol alcanza su máximo alejamiento del ecuador celeste, unos 24° , el 21 de Junio); la salida más meridional ocurre el día del solsticio de invierno (el 22 de diciembre). El día de los equinoccios el Sol sale por el punto cardinal este. La razón de este cambio de dirección en la salida del Sol es que su trayectoria aparente en el cielo en el curso de un año está inclinada con respecto al ecuador en un ángulo de aproximadamente 24° (en el año 2.000 a. C.). Esta es la causa de las estaciones en la Tierra. Así, el Sol se encuentra sobre la línea del ecuador celeste el día del equinoccio de primavera. Luego se mueve hacia el norte alcanzando su máxima lejanía del ecuador el día del solsticio de verano (hemisferio norte). Después de cruzar el ecuador rumbo al sur (equinoccio de otoño) llega a alejarse 24° del ecuador el día del solsticio de invierno. Esa oscilación norte-sur anual del Sol hace que el Sol salga y se ponga en puntos del horizonte que van cambiando a lo largo del año. Las direcciones de la salida más septentrional y la más meridional, forman un ángulo que depende de la latitud del lugar; en el ecuador el ángulo es de 48° ; 180° en un punto de 66° de latitud. En latitudes intermedias el valor del ángulo está comprendido entre los dos valores mencionados. Para la latitud de Stonehenge (51,2° N) vale 80°

 

El movimiento de la Luna es algo más complicado. En el curso de una revolución de la Luna en torno a la Tierra (mes lunar), el punto de salida de la Luna por el horizonte de un lugar, oscila entre dos posiciones extremas. Estas dos direcciones extremas forman un ángulo que varía lentamente y para Stonehenge tiene un valor mínimo de 60° y un valor máximo de 100°

 

La órbita de la Luna está inclinada en 5° 9' con respecto a la eclíptica (plano de la órbita terrestre). Por lo tanto la Luna en su órbita cruza el plano de la eclíptica en dos puntos, N y N', llamados los nodos de la órbita lunar. Estos no permanecen fijos sino que se desplazan a lo largo de la eclíptica, completando una revolución en 18,61 años

 

Por lo tanto la órbita lunar está inclinada con respecto al ecuador en un ángulo que varía entre 19° y 29° , en 18,61 años.

 

Hawkins encontró que en Stonehenge I están indicadas, con buena aproximación, las salidas y puestas anuales extremas del Sol y las salidas y puestas extremas mensuales de la Luna, tanto las oscilaciones mensuales máximas como las mínimas. En la Figura 2.12 se indican esas direcciones. Por Luna de invierno y Luna de verano se indican las salidas más septentrionales y más meridionales de la Luna y no se refieren a las estaciones del año.

 

Es interesante notar que los lados cortos del rectángulo principal apuntan hacia la salida más septentrional del Sol en el solsticio de verano y los lados largos apuntan hacia la salida más meridional de la Luna en su ciclo de 18,61 años. Esta propiedad sólo se verifica en un lugar de la latitud de Stonehenge. Si hubiese sido construido unos 50 km. más al norte o sur, el rectángulo no habría cumplido esa propiedad. Es difícil pensar que esta sea una simple coincidencia.

 

La relación astronómica de muchas direcciones en Stonehenge I parece fuera de discusión. La pregunta es ¿qué uso se le daba? Parece demasiado complicado, muy elaborado, para determinar solamente las estaciones, los solsticios y los equinoccios; para ello basta con algo mucho más simple.

 

En 1964 Hawkins sugirió que el fin primario de Stonehenge I podría haber sido la predicción de eclipses de Sol y de Luna. Hawkins observó que 56/3 = 18,67 y por lo tanto si cada año se desplaza una piedra 3 hoyos de los 56 del círculo de Aubrey, se completa el circuito en 18,67 años, cifra muy similar a la del ciclo de los nodos lunares, de 18,61 años.

 

Los eclipses tienen lugar cuando el Sol, la Luna y la Tierra están en línea recta. Para que esta situación se produzca es necesario que la Luna se encuentre cruzando el plano de la eclíptica, en uno de los nodos de la órbita lunar. Cuando la Luna se encuentra en el nodo ascendente, N, si el Sol se encuentra en una posición de su órbita aparente que lo hace estar a menos de 15° del nodo N se producirá un eclipse de Sol; si el Sol se encuentra a menos de 10° de N' se producirá un eclipse lunar. Cuando la Luna se encuentra en N' se invertirá la situación y tendremos un eclipse solar si el Sol está a menos de 15° de N' y habrá un eclipse lunar si el Sol se encuentra a menos de 10° del nodo N. Conociendo estas reglas, para saber si en futuro cercano se producirá un eclipse basta con conocer la posición del Sol, la Luna y el nodo, con una precisión de alrededor de 1° .

 

La tesis de Hoyle es que Stonehenge I es una modelo de representación de la eclíptica. En las 56 posiciones de Aubrey ubicaríamos indicadores móviles para representar al Sol, la Luna y los nodos N y N' (ambos nodos están siempre en posiciones opuestas 180° en el círculo, por lo que basta con saber donde está N).

 

El indicador solar podemos moverlo, en el sentido contrario a los punteros de un reloj, a razón de 2 divisiones cada 13 días. De este modo recorrería el círculo en 364 días. El indicador solar se puede "poner a la hora", por ejemplo en la posición 1, cuando el Sol se encuentra en el solsticio de verano. Este instante se determina gracias a observaciones hechas desde el centro de Stonehenge mirando hacia la heelstone. Calibrando el indicador solar una vez al año este alcanzaría un error máximo de 1 día y cuarto, algo así como 1,23° de círculo. Si además se calibra el indicador solar el día del solsticio de invierno, el error máximo se reduciría a la mitad, valor perfectamente aceptable.

 

El indicador lunar podemos desplazarlo, en sentido contrario a los punteros de un reloj, en dos divisiones diarias, lo cual nos daría un período de 28 días. La Luna tiene un período sideral de 27,3 días, por lo cual se produciría un error de 0,7 días que equivale a 9,2° de error sobre el círculo. Sin embargo el indicador lunar se puede ajustar con el indicador solar dos veces al mes, para la Luna nueva, en que tiene que estar en la dirección del Sol y para la Luna llena en que el indicador lunar debe estar en dirección opuesta al Sol. Así, con dos ajustes mensuales, el indicador lunar describe la posición proyectada de la Luna sobre la eclíptica con una precisión de unos pocos grados.

 

El problema más complejo es poder determinar la posición del nodo. Esto requiere de un cierto conocimiento astronómico gracias al cual es posible darse cuenta que en el mes en que la Luna sale lo más al norte posible en su ciclo de 18,61 años, el nodo N sigue 90° detrás del punto inicial y el nodo N' estará 90° delante del punto inicial. Delante y detrás se refiere al sentido en que rota el indicador solar.

 

El indicador del nodo habría que desplazarlo 3 divisiones por año, en el sentido de los punteros del reloj. El período del indicador del nodo sería 56/3=18,67 años, muy cercano a los 18,61 años del período real del nodo. Recalibrando el nodo cada 18,61 años mediante la salida más septentrional de la Luna, se puede mantener al indicador del nodo calibrado correctamente.

 

Con las reglas y ajustes descritos, podemos afirmar que Stonehenge I podría ser hoy utilizado para predecir eclipses. La pregunta es: ¿fue en verdad Stonehenge construido con esa finalidad? Es muy difícil poder contestar esa pregunta con certeza. Podemos afirmar que algún propósito debe haber tenido sin duda, ya que es muy complejo para ser obra del azar. Cualquiera que haya sido esta finalidad, hoy en día podríamos usar Stonehenge I como predictor de eclipses. Por lo tanto, es razonable pensar que existe una alta probabilidad de que Stonehenge I haya sido construido para predecir eclipses.

 

Para finalizar mencionaremos algo sobre Stonehenge II y III. Fueron construidas entre 500 y 1.300 años después de la primera parte. Es posible que el conocimiento de Stonehenge I se hubiese perdido completamente en ese intervalo de tiempo. Es posible que la tribu o pueblo que construyó Stonehenge I haya emigrado o haya sido exterminada y los constructores de Stonehenge II y III sean totalmente distintos a los originales. Tal vez habían oído hablar sobre conocimientos astronómicos notables asociados a Stonehenge I y trataron de recuperarlos haciendo inmensas construcciones. Por la complejidad de Stonehenge II y III es muy difícil de analizar los posibles usos que pudo haber tenido. La mayoría de los estudiosos del tema creen que lo más probable es que no haya tenido una significación astronómica muy profunda (si es que la tuvo) y sea principalmente de carácter ceremonial y religioso.

 

Bibliografía:

 

Balfour, M. "Stonehenge and its Mysteries", Charles Scribner's Sons, N. York, 1979.

Hawkins, G.S. "Stonehenge Decoded", 1965

Hawkins, G.S. "Beyond Stonehenge", Harper & Row, 1973

Hoyle, F. "De Stonehenge as la Cosmología Contemporánea", Alianza, Madrid, 1976

Hoyle, F. "On Stonehenge", Freeman, San Francisco, 1977

Niel, F. "Stonehenge", Plaza & Janes, Barcelona, 1981

Thom, A., Thom, A.S., y Thom, S.T. 1974, "Journal History of Astronomy", Vol.5, pp 71-90

 


 

 

 

 

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