LA UNIDAD
ASTRONÓMICA
Por Esperanza Carrasco Licea & Alberto
Carramiñana Alonso
Diario Síntesis, 5 de octubre de 1999
bec@inaoep.mx
Tomado de
http://www.inaoep.mx/~rincon/
Fue en el siglo XVI cuando Nicolas Copérnico
propuso que los planetas, incluida la Tierra, giraban
alrededor del Sol, descartando el modelo de Ptolomeo de
acuerdo al cual la Tierra era el centro alrededor del cual
giraban los planetas y el Sol. Posteriormente Johannes
Kepler, basandose en las cuidadosas observaciones de Tycho
Brahe, estableció las leyes del movimiento planetario, las
cuales se conocen justamente como las "leyes de Kepler". La
tercera de estas leyes relaciona la distancia de cada
planeta al Sol con el tiempo que tarda en recorrer su órbita
(es decir el equivalente del año) y, como consecuencia,
establece la escala relativa del sistema solar: basta con
medir cuantos años tarda Saturno en darle la vuelta al Sol
para saber cual es la distancia de Saturno al Sol en
proporción a la distancia de la Tierra al Sol. Kepler estimó
con muy buena precisión los tamaños de las órbitas
planetarias en términos de la distancia Tierra-Sol,
denominada "la unidad astronómica". Por ejemplo, fijó la
distancia entre Mercurio y el Sol en 0.387 unidades
astronómicas (el valor correcto es 0.389) y la distancia de
Saturno al Sol en 9.510 unidades astronómicas (el valor
correcto siendo 9.539). Sin embargo, ni Kepler ni ninguno de
sus contemporáneos sabían cuanto valía la, esta unidad
astronómica, y por tanto ignoraban completamente la escala
del sistema planetario conocido, que en aquél entonces se
extendía hasta Saturno.
Desde los tiempos de Hipparcos, un par de
siglos antes de Cristo, hasta los de Tycho Brahe, los
astrónomos suponian que la unidad astronómica era unas
seiscientas veces mayor que el diámetro de la Tierra, lo que
vendría siendo unos siete y medio millones de kilómetros. A
falta de alguna medición los expertos debían conformarse con
intentar adivinar el valor, dando un número que no tenía
mayor fundamento que el parecer "adecuadamente" grande pero
congruente con que el Sol fuera comparable en tamaño con la
Tierra. Kepler sospechó que el valor real debía ser unas
tres veces mayor (unos 22 millones de kilómetros), con lo
cual, incomodamente, el Sol debía ser quince veces mayor que
la Tierra.
Partiendo de las leyes de Kepler, bastaba
medir la distancia de un planeta cualquiera al Sol, o a la
Tierra, para conocer la unidad astronómica. En 1659
Christian Huygens midió el ángulo que subtiende Marte en el
cielo y, atribuyendo un valor al diámetro de este planeta,
estimó que la unidad astronómica debía ser 160 millones de
kilómetros, es decir siete veces mayor que lo estimado por
Kepler pero de hecho menos de 10% por encima del valor real.
Sin embargo esta medición no era aceptada ya que, como el
mismo Huygens reconoció, todo dependía del valor que uno
atribuyera al tamaño de Marte. Curiosamente, Huygens adivinó
con notable exactitud el tamaño de Marte.
Se conocía otro método mas confiable, pero
que requería mediciones muy difíciles de realizar: el método
de paralaje. Si dos personas situadas en puntos alejados de
la Tierra, digamos en París y en Tonantzintla, observan
simultaneamente la posición de un planeta en el cielo en
relación a las estrellas de fondo, sus mediciones dan una
pequeña diferencia que corresponde al ángulo que subtiende
la línea París-Tonantzintla vista desde este planeta.
Conociendo este ángulo, y la distancia París-Tonantzintla,
se deduce el valor de la unidad astronómica. En la práctica
existían tres dificultades: primero, no se conocían bien las
distancias en la Tierra; segundo, la medición del tiempo no
era suficientemente precisa como para permitir mediciones
simultáneas entre puntos muy alejados; y, tercero, la
medición de la posición aparente del planeta en el cielo
debía ser muy precisa. Pasó mas de medio siglo antes de que
fuera posible medir el paralaje de un planeta: en 1672 Jean
Richer viajó a Cayenne, en la Guyana Francesa, para medir la
posición de Marte en el cielo al mismo instante en que sus
colegas en París hacian la misma medición. Richer y sus
colegas estimaron el valor en 140 millones de kilómetros.
Con el tiempo se desarrollaron métodos mas
precisos y confiables para estimar la unidad astronómica, en
particular el propuesto por el matemático escoses James
Gregory y por Edmund Halley (el mismo del cometa) que se
basa en mediciones del paso de Venus o Mercurio frente al
disco solar, empleado hasta principios de este siglo. Las
mediciones contemporaneas se hacen con técnicas láser o de
radar y dan el valor 149,597,870 kilómetros, con una
precisión de uno o dos kilómetros.