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UNA INOFENSIVA LLUVIA DE ESTRELLAS

pablo@astronomos.org
No
hay nada tan relajante como echarse de espaldas sobre un prado
y disfrutar un cielo nocturno y estrellado. ¡Cuántos astros!¡Y
todos en su lugar! La brisa húmeda se pone de manifiesto al
hacer titilar esos lejanos luceros. La Vía Láctea, con su
sutil resplandor, cruza el cielo de norte a sur. Por un
momento, sentimos despegar del suelo, cuando –súbitamente-
el paisaje celeste se ve interrumpido por un rayo luminoso.
Silencioso. No hay trueno. No hay nubes, y sólo los más
avispados tuvieron oportunidad de contemplar la fugaz vida de
un meteoro.
Algunos
llaman a este fenómeno “estrella fugaz” Los
norteamericanos dicen que es una estrella que se cae (falling
star). Pero no son estrellas de verdad. De ser estrellas
cayendo a Tierra, ya se habrían agotado hace mucho tiempo.
Son trocitos de material desprendidos de algún cometa o
asteroide, y seguían su propio camino alrededor del Sol hasta
que la Tierra interrumpió su viaje. La fricción con nuestra
atmósfera a altas velocidades (10 a 70 km/s) es suficiente
para que estos “meteoroides” alcancen momentáneamente una
temperatura tan alta como la superficie del Sol y queden
convertidos en cenizas dispersas. El meteoro es tan breve, que
típicamente no excede una duración de 2 décimas de segundo
(Por eso son tan difíciles de ver, parece que juegan a las
escondidas).
Aparentemente,
este tipo de fenómeno no es muy frecuente, pero –por increíble
que parezca- la Tierra recibe alrededor de 10 toneladas de
material meteorítico cada día. Y su cantidad aumenta
notoriamente cuando la Tierra cruza un “torrente de
meteoroides”: algo así como un río de partículas que se
mantienen fieles a la órbita de un antiguo cometa. En algunas
ocasiones, conocemos a los cometas que las producen: el próximo
13 y 19 de noviembre, la Tierra atravesará un enjambre de
material desprendido por el cometa Tempel-Tuttle
y en un par de noches
podremos contar centenares de meteoros que cruzan la bóveda
celeste. Las lluvias de estrellas –como son llamadas estas
visitas periódicas- son nombradas de acuerdo a la región del
cielo donde parecen originarse los meteoros. Los fragmentos
del cometa Tempel-Tuttle llegan a la Tierra desde la dirección
en que se ve la constelación de Leo y así la lluvia de
estrellas de esta fecha se llama “Leónidas”. Las lluvias
de estrellas están rodeadas de mitos: Hay gente que se agacha
para no ser golpeada, pero estos fragmentos se consumen a
alturas de 80 a 100 km , muy por encima de las rutas de aviación.
Otros, se imaginan que se ven como una auténtica lluvia,
cuando en realidad se trata de una llovizna
extraordinariamente ligera: pueden pasar minutos entre la
precipitación de un meteoro y el siguiente, de tal modo que
hay que esperar con paciencia y atención.
Ciertas
artimañas muy sencillas nos pueden ayudar a sacar el máximo
provecho de un acontecimiento así: Buscar un lugar muy
oscuro, lejos de la ciudad y de las vías de comunicación
transitadas. Adaptar los ojos a la oscuridad por más de 15
minutos y evitar el uso de linternas de luz blanca: la luz
roja es mejor para mantener la visión nocturna. Es muy
recomendable llevar ropa de invierno, pues la lluvia de
estrellas suele verse mejor después de medianoche, cuando el
clima es más frío. Contar los meteoros en voz alta mantendrá
a todos alerta y un par de binoculares nos darán la
oportunidad de observar el rastro humeante e iluminado que
dejan los meteoros más brillantes (bólidos). No apartes tu
mirada del cielo y concentra tu campo de visión a no menos de
45° del horizonte (No desperdicies tu mirada hacia objetos
terrestres).
Pocos
son los espectáculos celestes que se pueden disfrutar sin
necesidad de equipo costoso y sofisticado, pero una lluvia de
estrellas es para todos y especialmente para aquellos que
saben disfrutar de un espléndido cielo a simple vista con
esmero, atención y paciencia.
Que
tengan un cielo “lluvioso”, “relampagueante” y muy,
muy despejado.
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