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EL
UNIVERSO NO ES ETERNO
¡Qué
vista tan imponente nos ofrece un magnífico cielo
despejado, en lo alto de una montaña! Nos parece que
son millones de luceros los que cada noche vigilan la bóveda
celeste. Siempre ahí. Siempre esperándonos... ¿Siempre?
Por
años los astrónomos dieron por hecho que el Universo
siempre estuvo ahí. Era eterno. Sin principio ni
fin. No importaba cuán lejos los astrónomos
pretendieran explorar, los telescopios siempre mostraban
galaxias, galaxias y más galaxias: un espacio que parecía
no tener fin. Los astrónomos aseguraban que el hombre
vivía en un Universo estático.
Todo
esto cambió cuando Edwin Hubble descubrió, en 1915,
que las galaxias –en general- se alejaban de nosotros.
Cuanto más lejanas estaban las galaxias, a mayor
velocidad se desplazaban. El Universo estaba creciendo
velozmente. Hoy el Universo es más grande que ayer.
Hace una semana era más pequeño. Un año antes y era
menor todavía. ¿Qué sucedería si pudiéramos echar
el tiempo atrás un siglo, un milenio ó 1 millón de años?
¡El Universo seguiría siendo cada vez más pequeño!
El Universo no es estático. Vivimos en un Universo en
expansión. El descubrimiento de Hubble –aunque
fascinante e intrigante- incomodó a muchos astrónomos.
¿Por qué? Porque si daban marcha atrás lo suficiente,
llegarían a un momento en el que todo el Universo estaría
concentrado en un sólo lugar. Eso implicaba viajar a un
pasado muy remoto, en una cantidad de años casi
inimaginable. Sin embargo, al Universo parecía sobrarle
tiempo y espacio.
¿Por
qué se habrían de incomodar los científicos con la
idea de que el Universo estuviera inicialmente
concentrado en un sólo lugar? Porque este lugar sería
el origen del Universo. Desde esta perspectiva,
el Universo tenía un génesis: un principio. ¿Y
qué habría antes de ese principio?...¿Cómo saberlo?
Los cuestionamientos –sintieron- empezaron a
tener un sentido teológico más que científico. Por
eso, la idea de un principio fue debatida intensamente.
En
los 40´s George Gamow sugirió que en ese origen las
condiciones de densidad serían tan altas que
seguramente la materia estaba a una alta temperatura y
las radiaciones eran de alta energía. El nacimiento del
Universo a partir de esa fuente de energía y materia
empezó a llamarse Big Bang: La Gran Explosión.
La energía liberada por ese evento debió ser enorme.
De
acuerdo con la actual teoría de la Gran Explosión, no
sólo la materia y la energía se habrían originado en
ese momento. El espacio y el tiempo antes de ese evento
serían inexistentes.
La
luz tarda un tiempo para llegar de un lado a otro.
Cuando los astrónomos observan un objeto a distancia,
están retrocediendo en el tiempo, están viendo
hacia el pasado. Nosotros mismos vemos al Sol como era
hace 8.3 minutos, a Saturno como era hace 70 minutos y a
la estrella Sirius como fue hace 8.6 años. ¡Los
telescopios son Máquinas del Tiempo! Si los astrónomos
hacían el intento de ver lo suficientemente lejos...¿podrían
retroceder tanto como para ver la Gran Explosión? ¿Cómo
se vería?
Como
todo el Universo estaba reunido en un sólo lugar, el
destello de energía debió ser visible en todo
el Universo. Y si ahora los astrónomos pretendían
ver esa radiación buscando en el pasado, entónces esa
energía debía continuar disipándose junto con la
expansión del Universo. En otras palabras, la Gran
Explosión sería visible ¡en todas partes! No importaría
hacia dónde apuntara el astrónomo el telescopio,
siempre habría una radiación de fondo, llegando desde
los rincones más remotos y antiguos del Universo. En
1948 Ralph Alpher y Robert Herman calcularon que la
energía de la Gran Explosión se había disipado tanto
en todo este tiempo, que sólo sería visible como una
tenue radiación de aproximadamente 5 K (5 grados
kelvin). El modelo de la Gran Explosión era todavía
muy impopular y su propuesta no tuvo cabida en los oídos
del mundo científico.
Pero
todo cambió en 1964-65, cuando Arno Penzias y Robert
Wilson detectaron -por vez primera- la radiación de
fondo, con una temperatura de 3K (2.73 K para ser
exactos). Gamow, Alpher y Herman tenían razón. La
observación confirmó sus hipótesis. Si bien la Teoría
de la Gran Explosión no explica absolutamente todo, la
mayoría de los astrónomos se sienten a gusto con ella.
Después
de la Gran Explosión, las condiciones de presión y
temperatura fueron exóticas durante algún tiempo. El
Universo tuvo que enfriarse antes de organizarse
como hoy lo vemos. De algún modo, las irregularidades
presentes en ese mar de materia y energía, parecen
haber estimulado la formación de galaxias. La acumulación
de materia empezó a generar campos gravitacionales que
atrajeron hacia sí todavía más materia. Los
materiales más abundantes –el hidrógeno y e helio-
empezaron a formar estos islotes llamados galaxias donde
hoy nacen, viven y mueren las estrellas. En las
galaxias, el gas fue lo suficientemente denso como para
que éste se contrajera para formar nubes individuales
(nebulosas) y finalmente, estrellas.
Es
difícil imaginar un Universo sin estrellas, sin
embargo, hubo un tiempo en que no existieron.
EL
MEDIO INTERESTELAR
Se
llama medio interestelar al espacio que hay entre las
estrellas y las partículas que lo ocupan.
Frecuentemente escuchamos que el espacio está vacío,
pero esto es una generalización. Para fines prácticos,
el vacío del espacio es más perfecto que cualquier vacío
que consigan los científicos generar en el interior de
una cámara, en un laboratorio. Sin embargo, siempre
habrá partículas diminutas vagando en el espacio. En
general, podemos afirmar que el medio interestelar posee
gas y polvo: gas que fue generado desde la Gran Explosión,
gas que ha sido procesado por millones de estrellas y
polvo que viene también de las estrellas. De este modo,
las galaxias más evolucionadas tienen una proporción
mayor de gas y polvo procesado por las estrellas. Las más
jóvenes, por el contrario, están menos contaminadas
con residuos procesados.
De
un modo o de otro, el hidrógeno es el gas más
abundante de todos. El polvo -si lo hay- esta básicamente
constituido por carbono, silicatos, hierro y hielo (de
agua, de dióxido de carbono, de metano). Las partículas
de polvo son alargadas –a manera de pajitas- y pequeñísimas,
con una longitud de unos 20 Angstroms (1 Angstrom es
igual a una diez millonésima parte de un milímetro).
Una mota de polvo interestelar en tu mano sería
invisible, sin embargo, en galaxias como la nuestra la
abundancia de polvo es tal que puede oscurecer sectores
enteros de la Galaxia. La Tierra misma está hecha de
polvo interestelar. El polvo no es tan malo después de
todo.
Por
cada 10 toneladas de hidrógeno que pudiéramos reunir
en el medio interestelar encontraríamos:
1.2
toneladas de helio
3.5
kilogramos de oxígeno
1.5
kilogramos de carbono
1.5
kilogramos de nitrógeno
kilogramo
de neón
kilogramo
de azufre
y
otras basurillas como níquel, oro, plata, etc,
en cantidades que no vale la pena contar.
Todo
este material está disperso en el medio interestelar a
una densidad increíblemente baja: alrededor de 1 átomo
por cada 10cm3. ¡Nada mal! 1000 átomos por
metro cúbico. Son muchos...¿no?...¡NO!
Recuerda que los átomos son partículas diminutas. En
estas condiciones un átomo experimenta una soledad
terrible. ¡Pueden pasar 10,000 años antes de poder
encontrarse con otro! Por otra parte, las regiones de la
Galaxia donde se están formando las estrellas, tienen
una densidad de 100 millones de átomos por cada 10 cm3.
NUBES
DE HIDROGENO
El
hidrógeno, siendo el gas más abundante, es el
principal ingrediente para formar estrellas. Lo podemos
encontrar formando nubes en básicamente tres formas
distintas:
1.-
Nubes de hidrógeno neutral (H I)
2.-
Nubes de hidrógeno ionizado (H II)
3.-
Nubes de hidrógeno molecular (H2)
NUBES
DE HIDROGENO NEUTRAL
Se
representa como HI. Es la forma de hidrógeno más
abundante porque es también la más sencilla de hacer.
Una partícula de HI está formada por la unión de un
electrón y un protón. Seguramente las galaxias
nacieron como acumulamientos de hidrógeno neutral en un
principio. Las nubes de HI en nuestra Galaxia tienen una
densidad de 1 a 1000 átomos por cm3, de modo
que su densidad no es tan baja
como otras partes de la Vía Láctea. Pero estas
nubes tienen un problema: son estériles. Las
nubes de HI no son capaces de producir estrellas. ¿Por
qué no? Porque cuando una partícula colisiona de HI
con otra, el impacto produce una vibración (calor), y
este calor se disipa inmediatamente rechazando cualquier
asociación. Después de chocar, las partículas de HI
se repelen.
NUBES
DE HIDROGENO IONIZADO
Se
representa como H II. Es la forma de hidrógeno que
encontramos generalmente alrededor de las estrellas recién
formadas. Las nubes de hidrógeno ionizado son muy
hermosas. En las fotografías, aparecen resplandecientes
en un bellísimo color rojo. Las nubes de H II emiten su
propia luz (roja) ¿Por qué brillan? Porque estamos
viendo nubes de hidrógeno cuyos átomos se excitan al
ser despojados de sus electrones (una ionización). La
intensa radiación ultravioleta de las estrellas vecinas
es la que arranca los electrones del hidrógeno. El hidrógeno
se está rostizando y deshaciendo bajo la lluvia
radiación de alta energía. El H II tiene temperaturas
altísimas. Mientras el hidrógeno siga expuesto a ella,
la ionización continuará y la rápida expansión de
sus partículas empujará los gases que le rodean hacia
afuera. Las nubes de H II se están dispersando por su
elevada temperatura, y aunque su densidad puede ser muy
alta -hasta 1´000,000 de átomos por cm3-,
nunca formarán estrellas. Las nubes de H II son estériles.
NUBES
DE HIDROGENO MOLECULAR
Se
representa como H2. Es la asociación de dos
átomos de hidrógeno que comparten 1 electrón para
formar una molécula. Una molécula de hidrógeno
tiene capacidad de absorber calor más eficientemente
que un átomo de hidrógeno. La colisión puede
disiparse sin generar calor si la partícula –en vez
de vibrar- se pone a girar. Como las nubes de H2
difícilmente se calientan, son éstas las más frías.
Su densidad alcanza a ser mayor de 10,000 átomos por cm3
y sólo estas nubes pueden generar estrellas. Se han
detectado más de 5000 nubes de hidrógeno molecular en
nuestra Galaxia.
EVOLUCION
DE LAS NUBES FERTILES
Las
nubes de hidrógeno molecular son frías y por tanto
pueden contraerse bajo la influencia de su propio campo
gravitacional sin que sus partículas se rechacen entre
sí. El impacto y movimiento de sus partículas irá en
aumento en la medida que la densidad de la nube sea
mayor. Si la densidad y temperatura llega a ser lo
suficientemente alta como para producir reacciones de
fusión nuclear, esa nube se habrá convertido en una
estrella. Sin embargo, no todas las nubes interestelares
producen estrellas. Como en un globo con aire caliente,
el gas caliente de una nube interestelar tenderá a
expandirse, evitando la contracción. La vibración
producida por el impacto y movimiento de los átomos en
la nube (y en cualquier cuerpo) es lo que llamamos
calor. Una decena de átomos produce el calor suficiente
para impedir que la atracción mutua -por gravedad- los
mantenga unidos, pero en una nube donde hay millones y
millones de átomos (el calor procura dispersarlos también)
pero tantas partículas, tanta masa, ejercen una atracción
gravitacional mucho mayor. La atracción gravitacional
impide que la nube se disperse completamente: es un
sistema en equilibrio. El calor empuja hacia fuera y la
gravedad hacia adentro.
CONTRACCION,
CALOR, MOMENTO ANGULAR Y CAMPOS MAGNETICOS
Aunque
la tendencia de la gravedad es a contraer la nube, hay
otros factores –además del calor-
que se oponen a la contracción: uno es el
momento angular (la rotación de la nube) y otro es el
magnetismo, producido por las partículas cargadas
libres (electrones y protones). Cuanto más se contraiga
la nube, más rápido rotará y los campos magnéticos
se intensificarán. La nube tiene que vencer estos obstáculos
si ha de ver el nacimiento de estrellas en su
interior.
Las
regiones de la nube que tengan polvo interestelar podrán
contraerse más fácilmente. El polvo absorbe el calor
muy eficientemente. Donde hay polvo, el gas es más frío.
Las nubes de polvo son auténticas hieleras donde
se facilita la contracción. En su interior, las moléculas
serán atraídas entre sí y se acumularán
progresivamente sobre las regiones más densas. La
precipitación irregular de material termina por
impulsar la nube en una dirección y ésta empieza a
rodar. La nube interestelar tiene ahora momento
angular -gira en torno a un eje-. Arrastrar la
extensa nube en ese movimiento de rotación requiere un
esfuerzo, mismo que se aligera cuando la nube se contrae
(es más fácil cargar a un bebé cerca del cuerpo que
con los brazos extendidos). El momento angular (la
fuerza de la rotación) ya no se usa para arrastrar las
partes externas de la nube -pues ya se acercaron- y
ahora esa energía termina por imprimir a la rotación
de la nube una mayor velocidad. Es la misma fuerza
distribuida de modo distinto.
Cuando
la nube se contrae, incrementa su velocidad de rotación.
La velocidad orbital de las partículas produce entonces
que éstas se empiecen a distribuir alrededor de la nube
en un disco redondo y aplanado. Si la nube diera vueltas
demasiado rápido, las partículas del disco terminarían
por salir disparadas –como el zoquete de una llanta
sucia en movimiento-. Saldrían disparadas en una
dirección perpendicular al eje de rotación. Por lo
tanto la rotación se opone a la contracción, aunque ésta
se da una vez que la contracción empezó.
Cuando
la contracción ha reunido suficientes partículas, los
impactos entre ellas son más frecuentes y una cantidad
de átomos pierde sus electrones. El electrón tiene
carga negativa y el protón carga positiva. Tenemos
ahora partículas cargadas, con propiedades magnéticas.
La acumulación de estas partículas produce campos magnéticos.
Los campos magnéticos forman líneas que canalizan el
flujo de las partículas cargadas. Electrones y protones
se desplazan a lo largo de estas líneas, pero no pueden
atravesarlas perpendicularmente. Cuando la nube se
contrae, los campos magnéticos se fortalecen pues
tenemos ahora más partículas cargadas en un espacio más
reducido. Los campos magnéticos fortalecidos limitan
severamente el movimiento de partículas en la nube,
oponiéndose así a su contracción.
Como
se indicó anteriormente, los enemigos de la contracción
gravitacional dela nube son el calor, la rotación
(momento angular) y los campos magnéticos. No se conoce
con exactitud de qué manera proceden estos factores y cómo
influyen en el resultado final, pero con seguridad son
determinantes. La única ventaja de la nube interestelar
es su masa y la atracción gravitacional por ella
generada. La cantidad mínima de átomos necesarios para
esto es de 1057: más átomos que la suma de
los granos de arena en todas las playas del mundo, unos
1025.
FORMACION
DE UNA ESTRELLA POR ETAPAS
ETAPA
1: Nube interestelar
La
primera etapa consiste en una nube interestelar
ordinaria. Son nubes enormes: su diámetro se puede
extender hasta 100 años-luz de diámetro. Su
temperatura es de unos 10K y están a una densidad de
1000 átomos por cm3. Esta nube es una mezcla
de hidrógeno molecular y neutral. Su masa es miles de
veces superior al Sol. Para formar estrellas, partes de
esta nube deben ser inestables: tener una densidad
ligeramente mayor al gas circundante. Esto se logra
mediante el empujón de estrellas externas, por
su radiación UV o como respuesta a la explosión de
alguna supernova cercana. La disipación de campos magnéticos
puede contribuir también a la condensación de gas. Una
vez que las inestabilidades afectan la homogeneidad de
la nube, éstas se repiten una y otra vez. El proceso
-que se acelera con el tiempo- toma varios millones de años.
La nube se fragmenta en su interior en decenas, centenas
o miles de regiones “pequeñas” y densas. Por eso
las estrellas nunca se forman solas, sino en familias,
llamadas cúmulos.
ETAPA
2: Colapso de un fragmento gaseoso
Abandonamos
la multitud de fragmentos gaseosos para concentrarnos en
la evolución de uno sólo. Este está destinado a
formar una estrella como el Sol. El fragmento gaseoso
posee 1 a 2 masas solares y mide poco más de 1 mes-luz
de diámetro (0.1 años-luz). La contracción ha elevado
la densidad a 1 millón de átomos por cm3.
La nube –todavía muy transparente- empieza a radiar
energía, así la temperatura promedio no se eleva mucho
más que en la etapa anterior, pero en el centro de la
nube, donde el medio es más opaco, la temperatura es 10
veces más alta: 100K. Sigue siendo –para fines prácticos-
frío. (Nuestro cuerpo está a 310K) La contracción
continúa durante unos 30,000 años y la nube se va
opacando. La radiación no escapa tan fácilmente y
entonces sí, toda la nube incrementa su temperatura.
Aumenta la presión. Si había fragmentaciones
secundarias en la nube, ya no pueden continuar.
ETAPA
3: Una esfera gaseosa, nace la protoestrella
Han
transcurrido ya alrededor de 50,000 años desde que
inició la contracción del fragmento, que ahora tiene
una forma novedosa: es una esfera de gas 10,000 veces más
grande que el Sol. La región central –el núcleo- es
tan opaco que la radiación calienta muchísimo el gas,
a una temperatura aproximada de 10,000 K, pero el calor
ya nada puede hacer. La fuerza gravitacional de esta
esfera es demasiado fuerte como para permitir que se
disipe el calor y la materia. La superficie de la esfera
gaseosa es aún transparente y relativamente fría. La
densidad del núcleo aumenta rápidamente. Ahora tenemos
1 millón de millones (1012) de partículas
por cada cm3. ¡Que tumulto! Parece demasiado
¿verdad? pero representa sólo 10-9kg/m3
o sea 0.000000001 kg/m3. Recuerda que las
partículas atómicas son pequeñísimas.
La
región opaca central será llamada protoestrella.
Curiosamente no importa cuánto material se precipita
hacia la protoestrella, ésta no crece. Al contrario, la
protoestrella se contrae más y más aplastada por la
carga del gas y polvo que aceleradamente se acumula
sobre ella.
ETAPA
4: La protoestrella brilla
La
superficie de la protoestrella se vuelve luminosa. Tiene
ahora una Fotosfera. Debajo de ella, el
material está ya lo suficientemente compacto y opaco de
modo que la energía producida por los impactos no es
radiada hacia afuera, sino que se emplea en elevar la
temperatura de la protoestrella. La densidad aumenta
mientras la temperatura crece y la protoestrella se
contrae aún más. En los siguientes 100,000 años el núcleo
de la protoestrella alcanza una temperatura de 1`000,000
K. Los electrones y protones se sacuden en un violento
frenesí desplazándose a cientos de kilómetros por
segundo. La protoestrella mide ahora unos 120 millones
de kilómetros, se ha encogido al tamaño de la órbita
de Mercurio. La fotosfera se calienta a unos 3,000 K por
la fricción de los gases y polvo que caen en una
acelerada lluvia de partículas. La esde que se formó
la protoestrella, ahora reducida a un diámetro de sólo
1 millón de Km. El núcleo alcanza una temperatura de
10 millones K y las partículas están densamente
apretadas a razón de 1025 por cm3.
La colisión de los protones entre sí a estas
temperaturas y presiones es insoportable hasta para
ellos. No pudiendo más, los protones empiezan a
generar reacciones de fusión nuclear para transformarse
en núcleos de helio. En el proceso se liberan neutrinos
y energía en forma de rayos Gamma. Es inusitado que un
evento que asociamos los hombres con la muerte
–reacciones termonucleares- signifique la vida para
las estrellas. Cuando las reacciones de fusión nuclear
empiezan en el corazón de una protoestrella, una
estrella ha nacido.
ETAPA
7.- Maduración
Ya
tenemos una estrella. Es una bebita. Todavía no
conoce los hechos de la vida. Es inmadura. Durante su
infancia (30 millones de años- ¡ápa, Bebita!)
será inestable. Se dilatará y contraerá erráticamente.
Mojará la cama. Tendrá súbitos destellos
gaseosos, se alborotará por nada... pero así son
los niños.
La
nueva y flamante estrella se organiza interiormente. Su
densidad aumenta 10 veces en el núcleo y cada metro cúbico
tiene empaquetadas 100 toneladas de gas ionizado.
También aumenta su temperatura, alcanzando 15 millones
K. La fotosfera se estabiliza en 6,000 K. La candente
presión interior alcanza equilibrio con la contracción
gravitacional y ésta cesa completamente. La producción
de energía en su núcleo es la misma que la estrella
radía hacia el espacio.
El
proceso tomó en total unos 40 a 50 millones de años.
Un parto largo y difícil que será seguido por una
laaaaarga vida: una estrella de tipo solar vivirá más
de 10,000 millones de años.
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