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Las
noches de invierno se ven adornadas por la estrella más
brillante del cielo. Debajo de Orión, los destellos
luminosos de Sirius llaman la atención de cualquier
observador en un cielo despejado. Sirius es una estrella
blanca de magnitud visual –1.46 y se ve brillante por
su cercanía (8.6 años-luz) pero además es una
estrella intrínsecamente luminosa. Si nos acercáramos
a ella tanto como al Sol, sería alrededor de 20 veces más
brillante que el astro Rey. En pleno verano y bajo el
mediodía de un cielo perfectamente despejado, Sirius es
visible a simple vista o con binoculares, a 40° hacia
el sur del Sol. La temperatura en la superficie de
Sirius (10,000 k) produce una luz blanca intensa, si
bien la turbulencia atmosférica suele hacerla parpadear
en múltiples colores. Cuando Sirius aparece en el
horizonte es uno de tantos OVNIS reportados. El tipo
espectral de Sirius es A1 y es una estrella 2.3 veces más
masiva que el Sol. Se estima que su diámetro es casi 2
veces el mayor que el Sol.
Esta singular
estrella era reverenciada por los egipcios, quienes le
llamaban “la estrella del Perro”, “ La
Chispeante” y “La que chamusca”. Curiosamente, los
registros antiguos indican una posición distinta para
Sirius. Edmond Halley sospechó que no se trataba de un
error, sino de un desplazamiento real por el cielo.
Observaciones detalladas permitieron a Halley constatar
que Sirius se movía. ¡Las estrellas no esaban fijas!
Halley descubrió el movimiento propio de las estrellas.
Sirius se desplaza a razón de 13” de arco por año
hacia el norte, por lo que hace 2,000 años se
encontraba 1.54 diámetros lunares hacia el sur de su
posición actual. La constelación de Canis Major ha de
haber sido visiblemente distinta.
Entre 1834 y 1844,
Friedrich Bessel –quien fue el primer hombre en medir
la distancia a una estrella por paralaje- notó algo
singular en el movimiento propio de Sirius. Por tal
motivo sugirió que una compañera oscura estaba a su
lado. Sus motivos eran muy simples: Sirius parecía
tener hipo, se bamboleaba periódicamente. Bessel
sospechó que Sirius era arrastrada por una estrella
secundaria. La estrella invisible de Bessel debía tener
una masa solar si había de influir en Sirius en la
medida observada. En 1862, Alvan Clark –reconocido
constructor de refractores de alta calidad- logró
vislumbrar por vez primera la débil estrella “Compañera”
que hoy llamamos Sirius B La estrella Compañera era muy
oscura y para tener la masa del Sol debía ser entonces
una estrella muy dilatada y enrojecida. La conclusión
inmediata fue que Sirius B era una estrella gigante
roja.
En 1915 Walter
Sydney Adams consiguió aislar la luz de Sirius B y
analizar su espectro. Lo que encontró era inusitado. ¡Sirius
B era más caliente que el Sol! Su temperatura era de
8,000 k. Esto no es normal. Las estrellas más calientes
suelen ser las más brillantes, pero Sirius B era
demasiado débil. Entonces, no era una gigante roja, su
refulgente luz estaba reducida a una diminuta estrella
(aprox. 20,000 kmde diámetro). Muy pequeña pero con la
misma masa del Sol. Posteriormente, Kuiper encontró
otra estrella semejante pero del tamaño de Marte (6,000
km). Adams y Kuiper estaban frente a un nuevo tipo de
estrellas: hoy las llamamos enanas blancas.
¿QUÉ SON LAS
ENANAS BLANCAS?
Son los restos “fríos”
de lo que en otro tiempo fue el núcleo de unA estrella
semejante al Sol. Son “estrellas” muy
compactas y densas cuya masa no supera 1.4 M
(Masas Solares). Su alta densidad es debido al colapso
gravitacional: como la enana blanca ya no tiene
reacciones de fusión nuclear (de modo que ya no es
propiamente una estrella) domina sobre ella la atracción
gravitacional y ésta la comprime hasta que los
electrones –cuya carga negativa produce un rechazo
mutuo- impiden una mayor compactación. El diámetro de
una enana blanca es aproximadamente el 1% del diámetro
de nuestro Sol (10,000 a 15,000 Km.) Cada metro cuadrado
de enana blanca es más brillante que el Sol, pero se
consideran oscuras. El Sol tiene una temperatura
superficial de unos 5,770 kelvin, mientras que una enana
blanca esta temperatura puede ascender hasta 220,000 k.
De cerca las enanas blancas son deslumbrantes pero son
tan pequeñas que la cantidad global de energía emitida
es muy poca. Su magnitud absoluta - como se verían a
una distancia de 32.6 años luz - es de 10 a 15.
La magnitud absoluta del Sol es de 4.85, ¡hasta
10,000 veces más brillante que una enana blanca!
Se dice que las
enanas son blancas pues cuando están recién formadas
son muy calientes y resplandecientes, pero el nombre
puede despistar a más de uno. La enana blanca ya no
produce energía. Está literalmente apagada. Se
está enfriando. Por tanto, en la medida que vaya
disipando su calor, su color cambiará: hay enanas
amarillas, naranjas, rojas y finalmente, negras
–aunque nadie haya visto ninguna de éstas-.
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