Ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable.

Bienaventurados lo que saben reírse de si mismos, pues pasarán una vida divertida. El colibrí

Podría decirse que este sería una continuación al artículo de Alfonso Treviño, “Fascinación por la ciencia, una inclinación que debiera ser contagiosa.”

¿Por qué el estudio de la ciencia no es fascinante? Presentaré mis puntos de vista en un orden aleatorio y de una manera profundamente superficial.

1) La improvisación académica.

En la primaría sólo nos impartían la materia de “Ciencias Naturales” como una serie de conceptos básicos, para memorizar, sin buscar inculcarlos por medio de la comprensión 

 Nuestro primer enfrentamiento con las ciencias, en forma separada, Química, Física y Matemáticas, nos era impartida por un profesor(a) que realmente no las conocía. Pongo de ejemplo un caso real (los nombres verdaderos han sido cambiados para proteger a los inocentes). En un lugar de la mancha urbana, un tipo que no concluyó sus estudios de medicina, obtuvo, por palancas, una plaza para dar biología en una secundaria, al año siguiente el déficit de maestros “obligó” al sistema a asignarle también la materia de química, donde no daba una. Los alumnos terminaron el curso de manera autodidacta, pues al “maestro” se le hacía muy difícil.

Lo mismo sucede demasiado frecuentemente también con la física y las matemáticas, dejando la impresión indeleble en los alumnos que la ciencia es difícil.

Claro que si esta es la regla, tiene sus excepciones. Por ahí se presentan auténticos maestros que disfrutan de las ciencias y sobre todo enseñarlas, describirlas. Citando a Karl Gustav Jung:

Ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable.

También tenemos anécdota de esto. Un maestro de matemáticas llegó tarde a la clase. Se disculpó pues habían recarpeteado toda la avenida por donde siempre llegaba a la universidad, se pasó todo el resto del tiempo de clase despotricando contra el desorden de tráfico porque no habían delimitado los carriles, no habían pintados los acotamientos. Miró su reloj y terminó: “Bueno. Nos vemos la próxima clase. Resuelvan los problemas de la página x a la y”. Cuando los alumnos abrieron el libro en las citadas páginas, se dieron cuenta que podían resolver fácilmente todos los problemas del capítulo Intervalos acotados.

Solución. Quien imparta las materias debería ser alguien que las conozca y aún más, las disfrute. ¿Escuchaste Elba?

2) Los estereotipos.

Anécdota habemus. En una feria del libro en Monterrey había un taller “científico”. Mientras el guía explicaba lo divertida que es la ciencia, preguntó a la menuda audiencia: ¿Alguno de ustedes conoce a un científico? Tres niños levantaron la mano. El guía inquirió: ¿A qué científico conocen? Los tres niños señalaron a su papá, una persona común y corriente. Lo más impresionante fue la expresión de los adultos alrededor, como diciendo: ¿Eso es un científico?   ¿Qué esperaban? ¿Un tipo con bata y cucurucho en la cabeza? 

Tenemos en la TV programas como “La teoría del Big Bang” donde se observa a los científicos como personas antisociales, ausentes del mundo que los rodea. Científicos malvados como Doofenshmirtz (Phineas y Ferb). Los productos milagro siempre anuncian sus productos como “de origen natural” porque los químicos son artificiales y dañinos. Eso hizo que una encuesta que realizó “El Universal” calificara a los científicos como peligrosos (http://www.eluniversal.com.mx/notas/735065.html), y un largo etcétera.

Esto lleva a que en las escuelas los niños y muchachos que gustan de las ciencias sean segregados y etiquetados como “ñoños”, “nerds”. Los descalifican diciendo que  son unos “matados”, que son unas máquinas de estudiar. Nada más lejano de la realidad. Conozco unos muchachos, que además de ganar becas por sus buenas calificaciones, tocan violín, flautas y guitarra (acústica, electroacústica y eléctrica), bailan salsa y jazz, gustan del cine y la lectura, dan clases y tienen un gran número de amigos.

3) El “Impresionismo”

Esta parte estaría ligada al punto número uno.  Muchos artículos y medicamentos milagro son “científicamente comprobados” y para promocionarlos utilizan términos que muchas veces ni tienen que ver con lo que realmente compone o hace que funcione el producto. ¿Ejemplo? En el instructivo de una plancha alaciadora para el pelo proclamaba: “… sus placas de cerámica microporosa emiten iones infrarrojos de baja frecuencia que no maltrarán su cabello…”  ¡Suena impresionante! Pero son una lista de incoherencias.

En los medios se abusa de la ignorancia de la gente con respecto a la ciencia y se le engaña con zapatos que levantan el busto y los glúteos, te hacen bajar de peso, etc., etc.  Es más, si te pones lo zapatos y no se te quitan las molestias, es cáncer. Así mismo se presentan “evidencias” de visitas extraterrestres, pingüinos voladores en el estado de Hidalgo y todo tipo de mausanadas.

Y siguiendo por esta línea todas la pseudociencias, como la astrología, cartomancia, adivinaciones y demás, reciben un fuerte apoyo de los medios por su valor comercial, por lo que no les interesa sacar a la gente de su analfabetismo científico, pues disminuye sus ganancias, y los programas de divulgación de la ciencia no producen dividendos.

[quote_left]Y que podemos hacer. Ya nos lo había dicho Carl Sagan, gran divulgador: “La batalla contra las pseudo ciencias la podríamos perder por falta de comparecencia”.[/quote_left]

Tenemos, como divulgadores, que comparecer erradicar el analfabetismo científico.

Citando de nuevo a Carl Sagan: “Vivimos en el seno de una sociedad que depende profundamente de la ciencia y la tecnología, y en la que nadie sabe nada acerca de esto, lo que constituye una fórmula segura de desastre”.

Continuemos con la divulgación de la fascinante ciencia.
El Colibrí