Han enmudecido ya los oráculos en Delfos y pesa sobre el género humano gravemente el desconocimiento del futuro.
Juvenal

El más grande conquistador de todos los tiempos se aproxima al ombligo del mundo, El oráculo de Delfos, emplazado en un agreste paraje del golfo de Corinto, en la Grecia central; El rey macedonio desea preguntar si la fortuna estará de su parte al enfrentarse al imperio Persa; Los sacerdotes, al enterarse de la noticia de su llegada corren despavoridos a tramar un plan. Saben de la fama de Alexandro. Una respuesta equivocada y serán víctimas de su espada. Toman a Pitia, la sacerdotisa y la drogan hasta el paroxismo funesto de su existencia. Se aseguran, de que no pueda hablar. ¿Qué hacer? Si le dicen al temible macedonio que no vaya, lo tomará como que ellos creen que es débil y se ofenderá; si le dicen que vaya contra los persas y pierde la batalla, regresará cabalgando sobre Bucéfalo para hacerlos cachitos con aceitunas griegas.

Más desesperados que un político sin cargo, los sacerdotes se consiguen a un experto en nudos y le ordenan: “Queremos un nudo que no lo desate ni Zeus, ni Apolo, ni Júpiter. Dijo entonces el experto: “Ya sé; Haré entonces el nudo Gordiano”

Pese a su juventud, la figura de Alexandro era imponente; Se baja de Bucéfalo, y se encamina a la entrada del oráculo. Sale un sacerdote diciendo con melindrosa voz: “Pero mi rey, llega usted a deshoras, acabamos de cerrar por las fiestas patrias”; Qué fiestas patrias ni que ocho cuartos, dijo Alexandro, quien pese a las clases particulares y empeño de su tutor, Aristóteles, no dejaba de hablar como su padre Filipo, tosco macedonio sin cultura, que aun habiendo sido rey, nunca se le consideró totalmente palacio.

Ábrete el oráculo, vengo a consultar sobre mi futuro; y más te vale que éste sea promisorio, no quiero que el trabajo de mi amigo e historiador, Calístenes, que me acompaña como cronista de mis conquistas, quede a medias. –Nada más no me alburee mi rey, que los mexhicas todavia no inventan el retrueque verbal– además, déjeme decirle, los dioses están indispuestos; anoche se la pasaron correteando a las ninfas, y ya sabe usted como se las gasta Zeus, que no deja una para comadre; Pero, mire: le dejaron un recado: Que por favor desate este insignificante nudito que hizo Mr. Gordias para amarrar a su caballo; Que si lo desata, entonces toda Asia, por usted, será conquistada.

Alexandro medita: Si soy de origen divino, ¿Podré desatar el nudo? En Egipto los sacerdotes sagrados le habían dicho que era «Hijo de Ra»; el sacerdote a Amón en Siwah le hizo creer y, sin duda, indujo a otros también a hacerlo, que era el «Hijo de Amón» y posteriormente los santuarios de Dídima y Eritras le proclamaron «Hijo de Zeus». Era tentador poner a prueba esas creencias.

Jeje, pensaron los sacerdotes: Si no lo desata, pues ya la culpa no es de nosotros, sino de él.

Alejandro se le queda viendo al nudo. Estaba solo. Le habían dejado para no poner en aprietos su inteligencia; Vino a su memoria la figura de sus grandes maestros y sus enseñanzas; Había sido educado en matemáticas, filosofía, milicia, biología, astronomía, arte, oratoria y medicina; Aristóteles le había incluso enseñado a que en caso de ser herido en la batalla, pudiese practicarse una cirugía de emergencia. De algo debería de servirle todo aquello que había aprendido. Su futuro dependía de ello.

No, no, no; estaba más fácil la clase de biología de Aristóteles, que desatar tremendo nudo; Felices los sacerdotes, danzaban; En aquellos tiempos el maestro Teodorakis todavía no componía Zorba el Griego, pero ya bailaban la equivalente.

De repente, como si el oráculo se iluminara, ¡¡Purrutúnn!!, se oye tremendo chasquido que proviene del interior del oráculo; rayos y centellas parecen evidenciar la súbita presencia de los dioses del Olimpo; Corren hacia el interior los sacerdotes y los generales del ejercito, en ese entonces, más poderoso del planeta. Se asoman y se asombran: El Nudo Gordiano ha fenecido, desaparecido, caput.

Alexandro se encontraba en trance, catártico, espada en mano, con la mirada perdida e indiferencia al medio; Al repasar en su memoria la figura de todos y cada uno de sus maestros, el código genético lo había traicionado. Recordó que aunque le habían querido convencer de que era hijo de los dioses, realmente era hijo del salvaje rey macedonio, Filipo; El recuerdo de las tremendas borracheras de su padre y la manera en que éste enloquecía en las fiestas non sanctas en compañía de sus generales y las bellezas que se contorsionaban en la danza de los siete velos, prefigura del “tubo, tubo”, hizo que sacara su filosa espada y ¡¡Cuáz!! le soltó tremendo mandarriazo al mentado nudo, dejándolo en calidad de aserrín.

La gloria futura, no podía depender de un simple nudo. Al menos, eso opinaba Alexandro.

Esta Historia Continuará….

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Carlos Raúl López Soberanes es miembro de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa por misericordia de sus amigos, ya que últimamente se ha convertido por razones ajenas a él, en cometa de periodo corto. —A veces largo— Es miembro fundador del Centro de Astronomía y Ciencias de la Tierra, A.C. Hace algunos años fundó con Pablo Lonnie Pacheco el site de divulgación www.astronomos.org, donde Lonnie enseña astronomía y él se divierte armando y desarmando la página web y escribiendo temas relacionados con la astronomía bajo el seudónimo de El Perplejo Sideral. Puedes leer más información de él en la sección autores de este sitio Web