Alrededor de dos polos gira la existencia humana,
El polo de las ilusiones.
Y el polo de las realidades.
Fragmento de Ilusiones y realidades.
De José Echegaray.

PARIS, FRANCIA, 1783

¡Damas y Caballeros!

Ha vuelto de su viaje por el Oriente su Excelencia el Conde de Cagliostro, Gran Alquimista, hombre de vasta erudición y discípulo de Alberto Magno, quien le transmitió los secretos de la Inmortalidad, la Juventud Eterna y el Arte de producir oro en sólo tres meses. La Sociedad Alquímica de Paris lo tendrá como huésped y pondrá a su disposición el laboratorio más grande de toda Europa. Esta noche del mes de octubre del año de gracia de 1783, hará época en la Historia Universal. El Conde Cagliostro se presentará en público, a las 20:00 horas, cuando la constelación de la Osa Mayor influya en la eclíptica de Neptuno.

¡Órale! No se porqué me acordé de Jaime Maussan. Por cierto, muchos de mis amigos y contertulios me aperplejan más de lo que acostumbro; Basta con que Jaime Maussan se presente en la ciudad, o éste diga, exprese, escriba, sueñe, piense, divulgue, execre, o exude una de sus acostumbradas “maussanadas”, relativas a alguna abducción, bruja voladora u ovni, whatever that seen, para que mis cuates convulsionen. Yo me pregunto: ¿porqué nos quieren quitar este bello ejercicio de divertirnos con el príncipe del humor freak involuntario, aduciendo, (abducciendo) “que el público no puede ser engañado por tamaño charlatán”. Plis, que sea menos.

Pero yo les quiero platicar de otro personaje, el que se presentó en Paris. Continúo entonces.

El Conde (nado) Cagliostro era tremendo; Su verdadero nombre era José Balsamo, nació en Palermo el año de 1703 y era, lo que se dice un tipazo caradura de marca. Su personalidad embelesaba a quienes lo conocían y si no nace, lo inventa Cachirulo, Walt Disney o algún partido político. Su descaro inigualable, su cinismo y sangre fría para mentir lo hicieron fuente de inspiración de poetas y novelistas como Goethe y Alejandro Dumas, quien por cierto era un gordo de lo más simpático, alegre y dicharachero, y del que se dice era también un gran mentiroso, por lo que sospecho que eso era lo que le agradaba del conde que hasta le hizo un libro en el cuál narraba sus puntadas: Mémoires d’un médecin: Joseph Balsamo.

Cagliostro no seducía a la plebe, sino a la high society, a la nobleza, a los ricos, a los intelectuales, deseosos de obtener sabiduría de lo alto (me acordé de Rasputín).

Comenzó su anecdótica vida de truhán en su natal Palermo, falsificando los boletos del teatro, testamentos y lo que se pudiera; Al empezar a darse a conocer su habilidad entre las autoridades policíacas, decide cambiar de ciudad, trasladándose de lugar en lugar, fortaleciéndose como pillo itinerante.

En Egipto se hace alumno de un “alquimista” llamado Altotas, que en sus peroratas discursivas (sic) aseguraba, con la mano en la cintura, que él tenía tres mil años de edad; Balsamo, más modesto en su calidad de aprendiz, confiaba que él “nomás tenía mil”. Y así, la historia continúo hasta que se encontraron con el Alquimista llamado Pinto, que tenía un laboratorio tamaño caguama y donde se doctoraron en los secretos de las fórmulas primitivas y exóticas de los antiguos egipcios, cuneros de la alquimia.

Se casó Cagliostro con un pimpollo de mujer llamada Lorenza Feliziani quién entendiendo que la mujer es de quien la trabaja, —y éste la trabajó tan bien, que hasta decía que el mismísimo Casanova era un chiquillo imberbe comparado con él—, acompañó al pícaro marido en sus fechorías, resultando una eficaz y audaz cómplice.

Su increíble habilidad para la estafa llevó a Balsamo a tener contacto con altos oficiales del ejército, haciéndose pasar por coronel del Ejercito de Prusia, contando unas proezas y anécdotas de guerra con las cuáles hipnotizaba a la concurrencia. Entre sus áreas de oportunidad comercial, destacó la venta de “vinos de Egipto”, elixires milagrosos para la Eterna Juventud, píldoras energéticas y refrescantes, cremas originales de “las que usaba Cleopatra”, ingredientes mágicos contra la mordedura de toda clase de áspid, y un largo etcétera.

Se decía fundador de la Secta Masónica Egipcia, Marqués de Pellegrini, Conde Félix, Duque Balsam, Marqués D´Anna, príncipe de Trapenzunt; Sus profesiones eran, entre otras, las de médico, adivino, alquimista, hipnotizador, consejero espiritual.

Una vez, un excéntrico y adinerado conde polaco, andaba en busca de un demonio personal para “tenerlo a su servicio”; Balsamo, alias conde Cagliostro aseguró que él podía confeccionarle uno a la medida. El polaco, ni tardo ni perezoso, desembuchó una buena cantidad de oro con el fin de que se iniciara la manufactura del mentado diablito; Cagliostro le explica al conde que crear un demonio personal a la medida, requería un laboratorio más grande que las instalaciones del Museo del Papalote; De esta manera fue que Lorenza, la alegre y bella mujercita de Cagliostro, empezó a gastar en serio para poder estar a la altura de un conde. Para un conde, pues una condesa; Lorenza se convierte, por alquimia, en la corporeidad misma de la histeria.

El diablito personal del conde polaco no aparecía por ninguna parte, a pesar de los desembolsos de dinero; Es más, el conde comenzó a sospechar, ya que era excéntrico, pero no menso, que Balsamo le estaba tomando el pelo; De manera que le exige a éste que le entregue el demonio o el dinero; el dinero ya no se lo podía regresar pues Lorenza se había encargado de repartirlo a las tiendas y joyerías de Europa y no pensaba regresarlo en especie.

Balsamo se reinventa cuando tuvo una de sus geniales ideas: Había oído decir en su correrías, que su colega Leonardo Da Vinci, con el fin de asustar, impresionar o simplemente por ejercer su surrealista sentido del humor, confeccionaba animales monstruosos, tipo Alien, el octavo pasajero; Balsamo se dispone a crear un kafkiano ser del inframundo —Maussan dixit—que satisfaga las necesidades del conde.

El resultado del rompecabezas que intentó armar, se le fue de las manos, debido a que no tenía los conocimientos de anatomía que se requería para completar el chiste; No hubo pegamento capaz de poder juntar y armar, un demonio con cabeza de gallina, cuerpo de perro, cola de cabra y patas de becerro. Fue un verdadero desastre, por lo que tuvo que salir huyendo de rusia, junto con el encanto de su esposa. —y con su joyas, of course.—

Ah, que tiempos, Señor don Simón. Que genio para las marrullerías, no que ahora, cualquier aprendiz de político, sin gracia, presentan fraudes tan macuarros, que dan verdadera lástima por la orfandad de inteligencia.. Pero bueno, me estoy saliendo del tema.

Ya hasta se me olvidó adonde quiero llegar.

Muy bien: Cagliostro se había convertido en una figura muy conocida e importante en la corte del rey Luis XVI de Francia; Curiosamente, entre las víctimas de Cagliostro, la mayoría eran miembros de la nobleza, que le protegían a pesar de descubrirle en numerosas ocasiones. Claro, eres rico, importante y de la nobleza europea, lo que presupone que debes de ser inteligente. Pero, ¿a quién le gusta que lo balconeen, muestren, evidencien? A nadie. Es decir, si ya me embaucó a mí, no lo voy a decir, ¡Ni que fuera un tonto! Además, siempre cabía la esperanza de que Cagliostro timara a otro y así la pena propia disminuía. “Hay, siempre habrá, gracias a Dios, alguien más tonto que yo”, parecía ser la frase favorita alrededor del famoso conde.

Definitivamente: el sentido común, la inteligencia y el buen gusto, siempre serán los menos.

Esta historia continuará, ya que todavía no sé como terminarla y mis jefes de astronomos.org me van a regañar porque todavía no hablo de astronomía.

Artículo anteriorEl Toutatis, ¿me matará?
Artículo siguienteLa Insoportable Necedad del Ser II
Carlos Raúl López Soberanes es miembro de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa por misericordia de sus amigos, ya que últimamente se ha convertido por razones ajenas a él, en cometa de periodo corto. —A veces largo— Es miembro fundador del Centro de Astronomía y Ciencias de la Tierra, A.C. Hace algunos años fundó con Pablo Lonnie Pacheco el site de divulgación www.astronomos.org, donde Lonnie enseña astronomía y él se divierte armando y desarmando la página web y escribiendo temas relacionados con la astronomía bajo el seudónimo de El Perplejo Sideral. Puedes leer más información de él en la sección autores de este sitio Web