Típicamente se pueden ver más satélites alrededor de una o dos horas después del atardecer y alrededor de una o dos horas antes de amanecer.

La posición relativa del Sol y el ángulo de iluminación permite que veamos cómo reflejan la luz del Sol. También pasan a medianoche, pero es difícil verlos porque están ocultos en la sombra de la Tierra.

Cuanto más rápido se desplaza un satélite, más cerca está de la Tierra, entre 100 y 400 Km de altura. Éstos completan una órbita en menos de 90 minutos. Por otro lado, los que se mueven más lentamente son los geoestacionarios, que están a más de 35,000 Km y que completan una vuelta en 24 horas, igual que la Tierra, de manera que están “estacionados” en el ecuador sobre el mismo país, continuamente.

Frecuentemente estos artefactos giran sobre sí mismos (como un trompo, pero lentamente), en consecuencia se pueden ver que cambian de brillo como si estuvieran pulsando. A veces -también- quedan brevemente orientados de manera que de repente producen un destello luminoso muy impresionante. Esto se debe a que típicamente están recubiertos de materiales altamente reflejantes (como plata, oro o aluminio -en capas delgadísimas-) que protegen los instrumentos de la radiación solar.